
Así es cómo Etiopía se ha convertido en el referente africano de la electrificación automotriz
Cuando pensamos en los mercados idóneos para los coches eléctricos, es fácil trasladarse a los países nórdicos (con Noruega a la cabeza) o a China y su boyante industria. Sin embargo, sorprende ver como la mayor revelación en términos de electrificación no viene de Europa ni en Asia, sino de un lugar que muchas veces pasa desapercibido. Etiopía está situada en pleno Cuerno de África, un área calificada como «tercer mundo» y gran olvidada en muchos aspectos. Aún así, ha sabido desencadenar una revolución silenciosa a base de decisiones firmes.
Para ver el origen de esta historia tendríamos que remontarnos a 2024, cuando el gobierno etíope tomó una decisión radical y sin precedentes a nivel mundial. Anunciaron, bajo bastante polémica, la prohibición de importar coches de combustión de forma tajante. De un día para otro, el segundo país más poblado del continente africano cerraba por completo sus fronteras a los vehículos movidos por gasolina y por diésel. Se podían quedar los que ya estaban, pero la apuesta a futuro era 100 % eléctrica.

Las dudas no tardaron en llegar, pues no deja de ser un país en vías de desarrollo apostando por una tecnología que es relativamente nueva. Sin embargo, tenía bastante sentido, ya que Etiopía estaba gastando miles de millones en importar combustibles fósiles. El cambio de paradigma comenzó con aprovechar su potencia hidroeléctrico, con infraestructuras como la gigantesca Presa del Renacimiento. Con estos cambios la electricidad les empezó a salir más baratas y se volcaron en desarrollar el coche eléctrico como forma de movilidad más rentable.
Los resultados de esta política tan drástica no han tardado en llegar y se calcula que ya hay más de 115.000 eléctricos en las calles de Etiopía, representando aproximadamente un 7 %. El objetivo es el de superar el medio millón en los próximos diez años, algo que tiene mérito en un continente en el que apenas hay penetración del vehículo eléctrico. La capital del país, Adís Abeba, es el principal motor y ya se ha llenado de concesionarios y de marcas asiáticas, gracias a ventajas como exenciones fiscales y aranceles casi nulos.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en Etiopía. Organizaciones internacionales hablan de que casi la mitad de su población sigue careciendo de un acceso fiable a la red eléctrica, lo que sería incompatible con esta tecnología. La infraestructura de recarga está concentrada en la capital, pero escasea en el resto del país. A esto se suman otros problemas como los apagones repentinos o las rupturas en las cadenas de suministro de repuestos. Veremos si con el tiempo van solventando estas fallas y el experimento de la electrificación etíope llega a buen puerto.
Fuente: Climate Change Laws of the World
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