
Kar-a-Sutra: la locura de Mario Bellini utilizando un Citroën como base
En una era en la que reinan los SUV, muchos echan la vista atrás buscando la máxima habitabilidad que consiguieron los monovolúmenes. Este tipo de vehículo, prácticamente extinto, fue sinónimo de espacio y comodidad interior, aunque muchas veces se sacrificara el diseño. Su nacimiento se suele atribuir al Renault Espace que en 1984 trajo ese nuevo concepto, pero también hay otros que hablan del Dodge Caravan e incluso de prototipos anteriores. En ese saco tendríamos que meter un modelo que mezcló experimentación social y un atrevimiento que rompía con lo establecido. Su nombre lo dice todo: Kar-a-Sutra.
Se trató de una obra del arquitecto y diseñador industrial italiano Mario Bellini, que no buscaba hacer un vehículo adecuado para la producción. Era más bien una forma de arte disruptivo, una provocación desarrollada con la ayuda de grandes empresas. Tuvo el apoyo de Citroën, de Pirelli y de Cassina; siendo un encargo realizado en 1972 por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York. El resultado no quedó grabado en la retina de la gente por su nivel técnico ni por las prestaciones, sino por las inmensas posibilidades de un espacio interior.

El nombre es una referencia clara al kamasutra y venía a colación de que en este vehículo se puede colocar a la gente en la posición que se quiera. El habitáculo es como un pequeño salón que acepta todo tipo de configuraciones y en el que primar la libertad. La estética exterior es muy llamativa, con un frontal que mira hacia abajo (los faros no parecen muy funcionales) y cuya carrocería va atravesada por unos surcos que pueden llegar a recordar a los paneles del Citroën Méhari. Eso sí, con una distancia entre ejes alargada para dejar una superficie trasera plana y aprovechable.
Otra parte llamativa son los grandes paneles acristalados para dejar pasar la luz y permitir que los pasajeros puedan apreciar el exterior que les rodea. Presentaba un ingenioso techo móvil que ofrecía dos alturas diferentes, permitiendo un mayor espacio cuando estaba estacionado. El conductor era el único que tenía una posición fija en su asiento delantero, pero la parte trasera podía distribuirse al gusto mediante unos grandes cojines. Sobra decir que era otra época y que era un prototipo, la seguridad quedaba relegada a un segundo (o tercer) plano.

El Kar-a-Sutra, más allá de ser un ejercicio de diseño, fomentaba corrientes que por aquellos años parecían impensables como la movilidad compartida. Más que un coche privado para hacer trayectos diarios, proponía una forma diferente para viajar en familia o con amigos. Este vanguardista salón acristalado, lógicamente, nunca llegó a acercarse siquiera a la producción. Sin embargo, dejó huella en términos de diseño e incluso le permitió a Bellini ganar el Premio Bolaffi de Arte y Diseño en 1973. Y seguro que muchos monovolúmenes fueron inspirados en este concepto.
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