La ejecución de Google Reade ha demostrado que los proyectos del gigante Google abandonan poco a poco las pantallas del ordenador. Seguramente habrá visto el proyecto de las gafas de Google, aunque nosotros ya hemos indicado por qué el coche de Google será pronto su principal valor.

Sí, las gafas molan (mucho), pero los progresos de Google con los coches son fascinantes. Hace tiempo que superaron los 500.000 kilómetros sin accidentes, lo que demuestra que los ordenadores puede a veces ser mejores conductores que lo que jamás podría ser un ser humano. Gracias a los láseres y radares, un ordenador puede controlar un número extraordinario de datos y reaccionar con mayor rapidez. En circuito ya se demuestran tan hábiles como los pilotos profesionales.

Esta tecnología todavía está en pañales, pero ya hay quien augura que, en un par de décadas, los seguros de coche costarán más para quienes no tengan tecnología de coche autónomo en su vehículo, ya que los ordenadores serán entonces mejores conductores, que nunca conducirán distraidos, con sueño o bajo los efectos de las drogas y el alcohol.

Pero para que eso llegue, antes Google deben enfrentarse a varios desafíos (que ellos mismos mencionan en su blog):

La conducción en nieve

Cuando la calle está cubierta de nieve, a los coches les resulta difícil ver las marcas de carril y otras señales que utilizan para mantenerse en en el camino. Será interesante ver cómo el tipo del equipo de Google supera este problema.

Los cambios en la ruta

Un segundo desafío, al parecer, es cuando el coche se encuentra con un cambio en un camino que todavía no se refleja en su mapa. En esas situaciones, el coche se pierde. Normalmente, alerta al conductor humano, que se pone al control. La idea es que en el futuro los vehículos puedan comunicar entre sí. De este modo, estos “puntos ciegos” se van mapeando en beneficio de todos los coches.

Zonas en obras

Un tercer desafío es conducir a través de zonas de construcción, zonas de accidentes u otras situaciones en las que un ser humano esté dirigiendo el tráfico. Los coches son excelentes en la observación de señales, semáforos, límites de velocidad… incluso el comportamiento de otros coches. Pero si un ser humano dirige el tráfico (y sus órdenes entran en conflicto con un semáforo o una señal), los coches se confunden. Además, las señales con las manos son a menudo diferentes de persona a persona.

Según los ingenieros, ninguno de estos problemas son insuperables. La tecnología de conducción autónoma llegará poco a poco. Primero para ciertas situaciones especiales y limitadas (la conducción en atascos del Audi A8 o de Ford, o la conducción en carretera, con los trenes de carretera de Volvo). Cuando estas tareas sean bien dominadas, la tecnología avanzará hacia el chófer completamente automático en el que trabaja Google. ¿Cuándo? Esa es la gran pregunta.

Fuente: Business Insider, Google Blog

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