En Coches.com nos planteamos la posibilidad de realizar un “cambio radical” respecto a los vehículos probados hasta el momento. Tras debatirlo en diversas ocasiones y ver que ya habían pasado por nuestras manos compactos, deportivos, SUV, e incluso toda la gama de algún fabricante (como es el caso de MINI y BMW, en el Circuito del Jarama), había llegado el momento de hacer pasar por nuestra “prueba a fondo” a una berlina de lujo, ¿pero cuál?

La decisión no era fácil, pues el panorama actual está plagado de ellas (Audi A6, BMW Serie 5, Mercedes-Benz Clase E…), pero, sin menospreciar a las anteriores, queríamos algo diferente, que tuviese la misma calidad del trio de fabricantes germanos, pero que a la vez fuera menos conocida para la mayoría de los lectores. Tras mantener diversas conversaciones con los departamentos de prensa de algunas marcas premium, nos decidimos finalmente por el Jaguar XF, con motorización V6 diésel de 240 CV y nivel de equipamiento Premium Luxury.

Nada más sacarlo del garaje de la firma, en Madrid, algo me decía que no nos habíamos equivocado, pues entre una pléyade de Audi, Mercedes-Benz y BMW que pululaban por la zona, las miradas de muchos transeúntes acababan indefectiblemente deteniéndose en el modelo británico. Y es que tras la inyección económica que supuso su venta al grupo indio Tata, se ha acometido una completa remodelación de la gama para estar de nuevo en el lugar que nunca debió abandonar dentro de tan selecto grupo.

Exterior

Como siempre comenzaremos nuestro análisis por el exterior. Hay un aserto que dice: “la primera impresión es la que cuenta” pero, a pesar de que “no hay que fiarse de las apariencias”, en este caso podemos aseguraros que no induce a engaño. Es exactamente lo que aparenta: una berlina de lujo, con una línea sumamente atrayente, diseñada con trazos fluidos que contribuyen a realzar una figura esbelta y bien proporcionada.

No es un vehículo precisamente pequeño, con unas dimensiones que alcanzan prácticamente los 5 metros de largo (4.961 mm), 1,88 metros de ancho (1.877 mm) y una distancia entre ejes que se aproxima a los 3 metros (2.909 mm). Pero no es hasta el momento en que nos acercamos, y nos situamos a su lado, cuando tomamos verdadera conciencia de su tamaño. Esta ilusión óptica se debe, en parte, a las formas fluidas de su carrocería, a la inclinación del parabrisas pero, sobre todo, a una parte trasera tendida que intenta simular las líneas de un coupé. La pintura metalizada de esta unidad, en una tonalidad denominada “Ultimate Black” no hace sino realzar la elegancia de sus formas.

Si continuamos nuestra inspección del modelo británico, casi sin solución de continuidad, siguiendo la línea de su afilada silueta acabaremos en algún momento dirigiendo nuestra mirada a la parte delantera, donde hay dos elementos que destacan sobre el resto: la parrilla cromada con el escudo del felino, que da nombre a la marca, en su parte central y los faros bi-xenon, enmarcados por las luces de día con tecnología LED. Esta parte frontal visualmente le hace destacar inmediatamente sobre el resto del tráfico rodado, de forma que si lo observas tanto de frente como a través de los espejos retrovisores no podrás más que girarte a echarle un nuevo vistazo y comprobar que no has visto una “aparición”, tal es su magnetismo…

Otro tanto ocurre con la zaga (que será la que más habitualmente veamos en carretera), visualmente muy atractiva, tanto por el espectacular conjunto de grupos ópticos (íntegramente con tecnología LED) como por la doble salida de escape, que delata el poderío del potente propulsor que lo impulsa.

Las llantas de serie (modelo Lyra) resultan muy atractivas, en medidas 8,5J x 18”, mostrándose adecuadas para el potencial y prestaciones del vehículo, especialmente si se montan los neumáticos Pirelli P-Zero 245/45 R18 con los que contaba la unidad probada. Opcionalmente se puede disponer de otras de 19” y hasta 20” de diámetro que, si bien estéticamente le otorgan un “look” muy agresivo, no se benefician del excelente compromiso entre deportividad y comodidad con el que sí nos obsequió la monta de serie.

Interior

Si atractivo resulta el exterior, no lo es menos una vez abrimos las puertas y tenemos acceso a su interior, donde la firma británica muestra todo su “saber hacer”, con soluciones tan originales como las tomas de aire o el selector de cambios ocultos y que sólo aparecen cuando se arranca el vehículo. La calidad de realización es impecable, sin duda a la altura de sus rivales germanos. Todo es agradable a la vista y al tacto, desde los detalles cromados, hasta las pieles tratadas por los mejores artesanos de la firma, sin descuidar por ello el aspecto más tecnológico, con sensores que activan las luces de lectura o una enorme pantalla táctil a color de 7 pulgadas (similar a la que ya vimos en el Range Rover Evoque), desde la que se controla todo el sistema de infoentretenimiento (audio, navegador, bluetooth, cámara de marcha atrás, etc.), de gran calidad visual, aunque la transición entre los diferentes menús es un tanto lenta y no acorde con lo que uno espera en una berlina de lujo como ésta.

Los asientos delanteros son muy cómodos y se adaptan perfectamente al cuerpo, contando con múltiples posibilidades de regulación eléctrica y con memorias personalizables para sus ocupantes. El único “pero” que les podemos achacar es consecuencia del poco agarre que proporciona la piel empleada si realizamos una conducción más decidida (sobre todo en fuertes frenadas). En este caso el conductor lo puede solucionar con los reglajes anteriormente mencionados, cosa que no ocurre con los ocupantes de los asientos traseros, al carecer de éstos. Y ya que les mencionamos diremos que estos pasajeros gozarán de unas plazas suficientemente anchas, cómodas y con un buen hueco para las piernas… eso sí, para 2 ocupantes. No quiere decir esto que no puedan viajar 3 personas adultas pero, como ocurre también en el caso de sus rivales germanos, la plaza central está condicionada por un elevado túnel de transmisión (no olvidemos que es un tracción trasera) que, en la práctica desaconseja utilizar este lugar para grandes desplazamientos.

Equipamiento

En el apartado del equipamiento, aunque ya hemos mencionado algunos aspectos en los epígrafes anteriores, nuestra nota no puede ser más que la de sobresaliente. Sobre todo en el caso de la versión probada (Premium Luxury), que incluye prácticamente todo lo necesario y más, de serie. Solamente en el caso de que seamos unos absolutos sibaritas tendremos entonces la necesidad de recurrir al único nivel de equipamiento superior que existe (Portfolio) o bien complementar éste con el amplio catálogo de opciones de la firma británica.

No os vamos a aburrir con una larga retahíla de equipamiento que, además, no haría sino ponernos los dientes aún más largos, casi al mismo ritmo con que los euros abandonarían nuestra cuenta corriente. No obstante, si estáis interesados podéis consultar una lista pormenorizada pinchando en el siguiente enlace.

Puestos a ser quisquillosos, solamente en la versión probada hemos echado de menos dos opciones que, por supuesto, sí están disponibles entre aquellas que pueden ser adquiridas con sobrecoste: nos referimos a los faros adaptativos con iluminación de los laterales (por encima existen incluso unas luces inteligentes con cambio largas/cortas…) y los sensores de aparcamiento en el paragolpes delantero, sobre todo con un frontal de tales proporciones.

Pero es que incluso, si lo que os hemos contado no fuera suficiente, este Jaguar XF puede ser personalizado con diversos packs, disponibles de forma combinada o por separado, con los que construirnos un ejemplar único:

Aerodynamic Pack: incluye un paragolpes delantero exclusivo, con la rejilla frontal en color negro, al igual que las tomas de aire inferiores. Los estribos laterales son de mayor tamaño, y se incorpora un spoiler trasero.

Sport Interior Pack: compuesto por asientos delanteros deportivos, desarrollados originalmente para el XFR, con más posibilidades de reglaje y, además, incluye un espectacular salpicadero en Piano Black.

Black Pack: este pack incluye el contorno de las ventanas en negro brillante, al igual que las rejillas superior e inferior de la parte delantera y el embellecedor trasero.

Maletero

Como buena berlina premium que se precie, no sólo ha de ofrecer las máximas comodidades a sus ocupantes, sino que ha de hacerlo permitiéndoles llevar el equipaje necesario. Para ello el Jaguar XF ofrece un gran maletero, con una capacidad total de 500 litros (si se dispone de rueda de repuesto de emergencia, como era el caso de esta unidad) o de 540 litros (si equipa el kit reparapinchazos). Estas medidas son más que suficientes, con una distribución cúbica y de gran profundidad, totalmente aprovechables. El único problema puede provenir de una boca de acceso algo escasa en su cota de altura, suficiente para introducir maletas pero quizá no tanto para otro tipo de impedimenta. A pesar de que no suela ser habitual utilizar un vehículo de este tipo para transportar bultos de gran tamaño (para ello ya existe una versión familiar, denominada Sportbrake), puede hacerse abatiendo parcial o totalmente los asientos traseros. En este caso la capacidad asciende hasta los 963 litros.

Motor

¿Qué podemos decir de la motorización que impulsa a este Jaguar XF? Se trata de un propulsor V6 diésel de 2.993 centímetros cúbicos que entrega una potencia máxima de 240 CV a 4.000 rpm, mientras que el par máximo es de 500 Nm a 2.000 rpm, con esta impresionante planta motriz el Jaguar XF es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 7,1 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 240 km/h, con unas emisiones de CO2 que no superan los 159 g/km.

Este fantástico propulsor basa sus excelentes cualidades en un sofisticado sistema de sobrealimentación, ya que dispone de 2 turbos gestionados electrónicamente. El primero de ellos, el de mayor tamaño y de geometría variable es el encargado de introducir aire fresco a los cilindros hasta las 3.000 rpm y a partir de ese régimen es el segundo turbo, de menor tamaño y geometría fija, el que asume la responsabilidad de alimentar el motor a altas revoluciones. En el caso de la unidad probada se obtienen 240 CV, más que suficientes para todo tipo de situaciones, pero incluso existe una versión algo más potente (bajo la denominación “S”) que, menos limitada por la electrónica, entrega 275 CV a 4.000 rpm y un par máximo de 600 Nm a 2.000 rpm, mejorando ligeramente las prestaciones del modelo que hoy os traemos aquí.

Más que las frías cifras, lo que importa en estos casos son las sensaciones que nos transmite: su empuje constante, una elasticidad increíble que nos garantiza un remanente de potencia, sea cual sea el régimen al que circulemos, para salir airosos de situaciones que se tornarían comprometidas, e incluso peligrosas, para otros modelos menos potentes.

Sólo os daremos un dato: gracias a los desarrollos del cambio tan extremadamente largos, este modelo es capaz de rodar en 8ª velocidad a 120 km/h a tan sólo ¡¡1.250 rpm!!, poco más que el régimen de ralentí en otros vehículos. Así pues, no es de extrañar que en esas circunstancias, ayudados por el regulador de velocidad, y con tráfico despejado, nosotros llegamos a obtener una media de consumo de tan sólo 5,5 litros cada 100 km. Cuestión aparte es cuando rodamos inmersos en el tráfico urbano, donde la tara del vehículo (1.810 kg en orden de marcha) supone un verdadero hándicap a la hora de realizar una conducción eficiente penalizado, además, por no equipar el sistema de parada automática Stop&Start, que si monta la motorización diésel inferior de la gama. Con todo ello el consumo medio, a lo largo de los más de 1.000 km recorridos durante esta prueba, se estabilizó en los 8,4 litros, bastante alejados de los 6,3 prometidos, pero aun así sigue siendo una cifra excelente.

Lástima de los apenas 65 litros de capacidad de su depósito de combustible, pues con el consumo medio que hemos obtenido, la autonomía teórica alcanzaría para recorrer casi 775 km. Sin embargo, dado su potencial y prestaciones, resulta francamente fácil pasarse con el pie derecho (si no circulamos con el limitador) y, en esas circunstancias la autonomía “real” no pasaría de los 500 ó 600 km.

Comportamiento

Basado en el tremendo potencial que os hemos descrito en el apartado anterior, este Jaguar XF se convierte en un excelente rodador, tanto de cortas como de largas distancias. Pero no sólo es el propulsor el “culpable” de tales prestaciones, mucho tiene que ver en ello la excelente transmisión automática, firmada por ZF, de 8 velocidades. Los cambios de marcha se llevan a cabo en unos imperceptibles 200 milisegundos, con lo que la progresión en aceleración es continua, sin ningún titubeo, y lo mismo ocurre en las reducciones. Además, gracias a las levas situadas detrás del volante, el conductor puede subir o bajar marchas de una en una, o varias a la vez, para encontrar inmediatamente aquella que se adapte mejor a las circunstancias de la conducción, ya sea ésta tipo “paseando a Miss Daisy” o se pretenda sacar la “quintaesencia” del motor en un tramo de curvas.

En este último caso nada mejor que girar el mando del cambio hasta la posición “Sport” y activar el modo “Dynamic”, pulsando la tecla correspondiente en la consola central, con ello se conseguirán las máximas prestaciones y, además, el conductor tendrá un control total sobre el cambio, ya que se mantendrá la marcha engranada, incluso si llega al límite de revoluciones. Para ir un paso más allá se puede desconectar parcialmente el Control Dinámico de Estabilidad (DSC) con lo que la conducción se vivirá de una forma más intensa, permitiendo ligeros deslizamientos de la zaga que nos “ayuden” a redondear las curvas en los trazados más sinuosos.

En estas circunstancias el gran tamaño de la carrocería puede infundir cierto respeto, pero la suspensión se desenvuelve perfectamente sobre asfaltos de todo tipo, no mostrándose demasiado blanda ni rebotona. En las curvas el modelo británico se inscribe sin titubeos, la inclinación es comedida en una primera fase para mantenerse imperturbable en el resto del giro. Se puede rodar muy rápido de forma muy sencilla, manteniendo altas dosis de confort, sin que su elevado peso y dimensiones sean un obstáculo.

La frenada es muy potente y dosificable, aguantando francamente bien el trato duro. Solamente si se desciende un puerto absolutamente “a saco” los frenos comienzan a dar ciertos síntomas de desfallecimiento, pero manteniendo en todo caso unas excelentes distancias de frenado. Bastará con dejarlos refrigerar unos instantes para volver de nuevo a la carga.

Pero ese no suele ser el ámbito habitual en el que se desenvuelve este Jaguar XF, sintiéndose más a gusto en los “espacios abiertos”, en las carreteras nacionales con curvas de amplio radio y en autovías y autopistas. En ellas muestra una solidez de rodadura encomiable, los kilómetros pasan sin darnos cuenta. Los adelantamientos se realizan en un santiamén, basta con tan sólo desearlo, pisar a fondo el pedal derecho y el Jaguar nos teletrasportará, como por arte de magia, delante del vehículo que nos precedía.

En la ciudad su manejo es fácil y sencillo una vez nos hemos acostumbrado a sus dimensiones, ayudados por una dirección de asistencia variable que nos permitirá maniobrar sin problemas. A la hora de aparcar los sensores de proximidad traseros (esta unidad no disponía de los delanteros) y la cámara, que nos muestra lo que se encuentra detrás de nosotros en la pantalla de la consola central, nos facilitarán enormemente esta tarea.

Veredicto de Coches.com

Como decíamos en la introducción esta berlina premium es un modelo que hace girar la vista a los transeúntes cuando pasamos a su lado, no suele dejar indiferente a casi nadie, incluso a aquellos que dicen no gustarles los coches. Y es que una silueta francamente bien conseguida tras su última remodelación, acompañada de la calidad interior de la que siempre han hecho gala en la marca británica ha permitido lograr un vehículo sumamente atractivo. A ello hay que sumarle la posibilidad de mantener un ritmo muy alto en nuestros desplazamientos con un consumo de combustible comedido para las prestaciones logradas, y hacerlo rodeados de un ambiente acogedor y, por qué no decirlo de lujo.

Podríamos calificarlo como un vehículo ideal para un alto ejecutivo que realice frecuentes desplazamientos por carretera, con predilección por los viajes largos y que, una vez finalizado estos, se encuentre totalmente descansado para dirigir una importante reunión de trabajo o una dura negociación al más alto nivel. Y es que los 63.570 euros que cuesta en su configuración estándar este Jaguar XF Premium Luxury no puede permitírselos el “común de los mortales”.

A todo ello hay que sumar, en el caso de la versión probada, el equipamiento opcional: Pintura metalizada Ultimate Black (1.160 €), tapicería color Ivory (1.150 €) y el salpicadero de madera Piano Black (805 €), con lo que el precio final ascendía hasta los 66.685 euros. ¿Caro? Bueno, frente a sus rivales alemanes puede parecerlo en un principio, pero hay que tener en cuenta que aunque estos parten de un precio base más económico, muchas de las opciones que el modelo británico equipa de serie han de ser pagadas aparte en los germanos a un precio realmente alto. Así que al final, a igualdad de equipamiento, las cosas se compensan e incluso la balanza acaba inclinándose para el modelo de la marca del felino.

Como punto final os mostramos el vídeo que hemos realizado sobre la prueba de este modelo tan exclusivo:

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