Corre una época en la que las emisiones de los automóviles están en el punto de mira de la sociedad y de los fabricantes. Uno de los mayores escándalos que han salido a la luz ha sido el del Dieselgate, en el que el Grupo Volkswagen instaló un software que mentía en las pruebas de homologación. No ha sido el único fabricante en utilizar algún tipo de argucia, ahora ha sido Nissan el que admite que hizo trampas en Japón.

Este caso no ha sido descubierto por las autoridades ni por la prensa, sino que la propia marca ha decidido anunciarlo de forma oficial. Lo descubrió en sus propias inspecciones vehiculares (conocidas como kanken) en sus fábricas de Japón (excepto la de Kyushu). El primer descubrimiento fue en septiembre de 2017 y desde entonces han estado trabajando para comprobar cuales eran las disconformidades en el proceso.

Las conclusiones han sido que las pruebas de emisiones de escape y economía de combustible se desviaron del entorno de prueba prescrito y que se crearon informes de inspección basados ​​en valores de medición alterados. Estas han sido las dos “malas conductas” de las que la marca se arrepiente y que están siendo investigadas a nivel interno para tomar las medidas apropiadas, pues Nissan considera que estas normas son de obligado cumplimiento.

Todavía no se sabe cuáles son los modelos afectados ni en qué cuantía. Lo que han dejado claro es que todos los vehículos producidos, a excepción de uno, cumplen con las normas de seguridad y los valores de homologación japoneses. El Nissan GT-R es el único modelos de la gama que se ha saltado las normas y que no cumpliría con la normativa de emisiones en Japón. De momento parece que estas trampas no afectarían a los vehículos exportados al resto del mundo.

Fuente: Nissan

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