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Peugeot 908 RC Concept 2006 (11)
Luis Blázquez

Peugeot 908 RC, cuando se creía que el diésel podía sobreponerse a la gasolina

Si bien modelos como el 307 o el 407 tuvieron éxito en la primera década de siglo, Peugeot llegó al Salón del Automóvil de París de 2006 con un prototipo que pretendía hacer volar la imaginación de la gente. La idea era crear un vehículo de lujo de diseño imponente y hacerlo increíblemente divertido de conducir, lo que resultó en un sedán futurista de cuatro puertas impulsado por un motor diésel desarrollado para competición. En nuestro memorándum de clásicos, hoy es el turno del Peugeot 908 RC Concept.

La razón de ser de cualquier prototipo es explorar nuevas ideas y probarlas en un intento de crear la solución definitiva. El saber hacer y la pasión de crear algo, junto con la imaginación, se convierten en la fuerza motriz que hace los sueños en realidad. El 908 RC Concept evoca un producto con el que hacernos soñar, pero también de una forma que, ciertamente, case con la vida práctica. Porque se trata de una carcasa vacía creada para llevarse las miradas, sino de una propuesta que, de haberse hecho material, habría sido un golpe sobre la mesa.

Para comenzar, el 908 RC Concept debe su nombre a su corazón: una unidad V12 de gasóleo que impulsaba al monoplaza del león en el Campeonato del Mundo de Resistencia (WEC) en 2007. La abreviatura “RC”, empleada para designar los modelos de corte más deportivo de la gama (en detrimento de las siglas “GTi”), también se refiere a los concept cars RC Carreau y RC Pique (2002), cuya arquitectura y diseño sirvieron de inspiración durante el desarrollo del por entonces nuevo proyecto de la casa. Aún quedaba espíritu deportivo en París.

Desde el principio, Peugeot quiso dar vida a una berlina de representación que ofreciese a sus cuatro ocupantes una nueva sensación de conducción. El resultado final, sin embargo, es el de un vehículo cuya estética no dejó indiferente a nadie y que combinaba el desempeño dinámico de un deportivo de altos vuelos, con la comodidad y el lujo de un gran sedán y un consumo relativamente comedido. En definitiva, una visión de que Peugeot también podía hacer algo más pasional que un conjunto de anodinos compactos, sedanes y familiares.

Una de las mayores particularidades de su diseño las encontramos en sus proporciones, con una amplia batalla y un pilar A muy cercano al eje delantero. La razón es porque el motor de esta criatura se colocó tras la segunda fila de asientos, es decir, en posición central-trasera, como un Lamborghini o un McLaren. Y, como se ha mencionado unas líneas más arriba, no era un propulsor cualquiera, sino del mismo V12 diésel (HDi) desarrollado para luchar por la victoria en las 24 Horas de Le Mans del siguiente año (finalmente terminó 2º y 30º).

Audi, que entre el 2000 y 2005 había conseguido cinco victorias en la famosa cita francesa, se presentó en 2006 con el R10 TDI, el primero de su clase en competir empleando el diésel como combustible. Ganó la carrera. Peugeot, que en ese entonces también apostaba fuerte por el gasoil en sus coches de calle, pensaron que no podían ser menos, así que comenzaron a desarrollar una unidad de 12 cilindros en uve –como la de Audi– de 5.5 litros de cilindrada y turboalimentación por partida doble. Al final, se conseguían 700 CV y 1.200 Nm.

Esas cifras eran impensables para un motor alimentado por gasóleo, y más extraño aún su uso en competición, dominado siempre por la gasolina. Con una construcción en un ángulo 100 grados entre bancadas, se podía ubicar en una posición muy baja (reduciendo el centro de gravedad) y, como empleaba dos filtros de partículas de grandes dimensiones, también era ecológico para la época. El V12 casaba con una caja de cambios secuencial de seis relaciones controlada electrónicamente muy reforzada para soportar la enorme cantidad de par.

Ese motor montado en el medio está en realidad más adelantado de lo que crees, y Peugeot afirmó en su día que esa ubicación les permitió crear un área de carga de “gran capacidad” justo en la zaga del vehículo , todo sin afectar el espacio de la cabina. Presumiblemente, no hay asientos plegables o una de esas pequeñas trampillas en el asiento central que nadie ha usado nunca. En el lado positivo, hay maletero. Además, este diseño también permitía una posición de conducción adelantada, mejorando la experiencia para todos los pasajeros.

Construido sobre un chasis de nido de abeja de aluminio polimerizado al vacío mezclado y compuesto de fibra de carbono, el Peugeot 908 RC Concept fue cuidadosamente diseñado, recordando a los espectadores más a un Bugatti que a los mundanos modelos de la firma del león, acostumbrados a verlos a diario. Sin duda, lo más notorio era un amplio parabrisas curvo que proporcionaba un campo de visión sin obstáculos, junto con las elegantes llantas cromadas multirradio de 20 pulgadas envueltas en neumáticos Michelin Pilot Sport PS2.

A finales del siglo XX, Peugeot parecía haberse vuelto una dama de los gatos con las señales felinas en sus diseños, alegando en el caso de 908 RC Concept que el capó estaba destinado a parecerse a la cabeza de un gato grande, con unas tomas de aire al frente que representan sus mejillas (pero sin bigotes), y se supone que los estirados faros LED deberían centellear como sus ojos. Y, para más detalles, los pequeños orificios de ventilación junto a la nariz del coche son como las fosas nasales de un gato. Lo entendemos: la temática felina es clave.

En el interior, el Peugeot 908 RC Concept combinó características de alta tecnología con lujo sin exagerar. Era ergonómico, con todas las funciones principales al alcance de la mano, puesto que estaban integradas en una gran pantalla táctil en la consola central (¿no es un déjà vu haciendo la retrospectiva?). Los pasajeros de segunda fila también quedaban mimados por una pantalla multimedia colocada en medio y separaba los asientos. Por último, una superficie acristalada de 3 metros cuadrados, hacían de la experiencia entre viaje y paisaje algo más placentero.

El 908 RC Concpet fue recibido con la boca abierta por el público y se ganó los elogios de la prensa automotriz. Pero, dado que sería extremadamente caro de construir y que la gente no estaría dispuesta a pagar dinero por un hipercoche de Peugeot, el fabricante galo optó por la idea más inteligente: no producirlo. Sin embargo, sí inspiró al coupé RCZ, hasta cierto punto. Lanzado cuatro años después de este prototipo, el deportivo compacto no estuvo ni cerca en términos prestacionales, pero logró tener cierto éxito en Europa.

Fuente: Peugeot

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