Hemos hablado en numerosas ocasiones de A123 Systems. Esta empresa parecía dispuesta a acabar con la dependencia energética del petróleo bajando el precio de las baterías, el gran lastre económico del coche eléctrico. Se han apuntado a muchas causas de su quiebra. Es conocida la escasa demanda actual de coches eléctricos y en Estados Unidos se apuntaba también a los recortes gubernamentales a las energías limpias.

Pero la razón principal era otra… Su tecnología no estaba lo suficientemente avanzada para poder competir  con el resto de fabricantes. Cuando se presentó en 2006 el polvo de electrodos a nanoescala, era una alternativa más segura y mucho más potente que el resto. Su idea original era que su batería cilíndrica Ultra, se usase en híbridos para convertir híbridos en híbridos enchufables. Convencieron a General Motors de que era la mejor opción para desarrollar el Chevrolet Volt, pero la competencia se movió y A123 perdió el contrato frente al gigante coreano LG Chem.

Desde entonces, A123 firmó contratos fabricantes de automóviles más importantes, pero no ha tenido pedidos suficientemente grandes para que la empresa bajase sus costes, con las fábricas a pleno rendimiento. No consiguieron los mejores contratos, como el del Nissan Leaf, Ford Focus eléctrico o el Toyota Prius híbrido enchufable.

La tecnología de A123 era más compacta que las baterías de plomo-ácido e hidruro de níquel-metal utilizadas en las primeras generaciones de vehículos eléctricos e híbridos. Pero las baterías de ión-litio de A123 siguen siendo caras. Suponen 11.500 euros del coste de un coche y de ahí el sobrecoste de los vehículos eléctricos respecto a sus equivalentes de gasolina.

¿Se puede reducir este coste? Los fabricantes de baterías han impulsado la bajada de costes en los últimos años, desde alrededor de 1.000 dólares por kilovatio hora (768 euros) hasta 500 dólares por kilovatio hora (384 euros). Se espera que estos costes se reduzcan a la mitad en la próxima década, así que, para que start-ups de baterías tengan éxito, tendrán que ofrecer algo mucho más barato y de rendimiento superior.

Para eso es necesario una tecnología de ión-litio radicalmente distintas, o nuevos de componentes químicos. Otras start-ups ya siguen enfoques novedosos. Pellion, con sede en Massachusetts (EE.UU.), desarrollan nuevas baterías de ión-magnesio capaces de doblar o triplicar el almacenamiento de energía. Sakti3, desde Michigan (EE.UU.), trabaja con baterías de estado sólido que prescinden de los voluminosos y peligrosos electrolitos líquidos convencionales utilizados en las baterías de ión-litio, que potencialmente podrían duplicar el almacenamiento de energía.

Pero aunque estas empresas logren tener éxito, tendrán que competir con empresas establecidas que también están investigan. Toyota, por ejemplo, se ha asociado Panasonic, para crear baterías de estado sólido similares a las que Sakti3 quiere conseguir. El reto no será fácil.

Fuente: MIT

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