
Foton Tunland G7: prueba contacto con el pick-up chino que convence más allá del precio (que también)
Soy un periodista de motor con más de 20 años de trabajo a mis espaldas y he vivido de todo: desde coches que parecen naves espaciales hasta auténticos troncos con ruedas. Pero siempre encuentras uno que no esperabas. Cuando alguien dice «coche chino», lo primero que nos viene a la cabeza es un SUV eléctrico con pantallas hasta en el techo, ¿verdad? Pues resulta que los orientales también saben hacer diésel. Y no uno cualquiera, sino un pick-up. Sí, habéis oído bien.
Se trata del Foton Tunland G7. Un nombre que suena a robot de Transformers, pero que en realidad es una camioneta pensada para el trabajo duro y, por qué no, para la aventura. Pero ojo, porque lo que más me ha sorprendido no es su aspecto, sino su precio. Hablamos de un vehículo que, con descuentos y promociones, puede rondar los 29.000 euros. Y por esa cantidad no es de extrañar que pueda plantar cara a rivales de la talla del Ford Ranger o el Toyota Hilux.
¿Será el rey del campo o un bluff con ruedas? Lo he probado durante un día entero durante su presentación por caminos de tierra, vadeando ríos y con pendientes complicadas. Y creedme, tengo cosas que contaros. No esperaba que un pick-up diésel chino pudiese convencerme, pero tras probarlo, estas han sido mis conclusiones.
Exterior
Vamos con lo primero que nos encontramos: el diseño. Y aquí el G7 no pasa desapercibido. El frontal es… bueno, es un frontal de pick-up. Imponente. La parrilla es enorme y lleva el nombre «FOTON» en letras bien grandes, por si alguien tenía dudas de quién manda aquí.

Los faros son de generoso tamaño y se estiran hacia atrás, dándole un aire serio. El parachoques es sencillo, funcional, con una toma de aire extra en el centro y los antiniebla en los extremos. Vamos, que no es un coche para pasar desapercibido en el parking del supermercado.
Si nos vamos al perfil, la cosa se vuelve más interesante. Aquí vemos su esencia: doble cabina y una caja trasera que invita a llenarla de trastos. Las llantas de 18 pulgadas son el elemento más llamativo, y las estriberas laterales no son un adorno, porque subirse aquí sin ellas es casi un deporte de riesgo.

Y hablando de medidas, porque esto es importante: 5.340 mm de largo, 1.940 mm de ancho y 1.870 mm de alto. Para que te hagas una idea, es ligeramente más largo que un Toyota Hilux. Es grande, sí.
Cerremos el recorrido en la trasera. Aquí los pilotos son verticales, con su propia firma lumínica, y el parachoques es de ese plástico negro resistente que agradeces cuando tienes que meter y sacar cosas. El portón es ancho y da acceso a la caja, pero ojo, pesa lo suyo y no tiene amortiguadores. Si no estáis acostumbrados, preparad la espalda. Es un detalle que se echa en falta.
Interior
Abrimos la puerta y… sorpresa. El interior del G7 es una mezcla curiosa. Por un lado, tiene una clara vocación laboral, pero los acabados no están nada mal. La mayoría de las superficies son de plástico duro, pero tienen un aspecto resistente y fácil de limpiar. Los asientos y los paneles de las puertas están tapizados en un simulacro de cuero que le da un toque más «civilizado».

La estrella es la pantalla central de 10,3 pulgadas. Y aquí tengo que ser sincero: no es lo mejor del coche. La interfaz se siente un poco anticuada, la iluminación es justita y la cámara de visión trasera no es especialmente nítida.
Eso sí, tiene Bluetooth para el móvil y punto. Ni Apple CarPlay ni Android Auto. En 2026, esto duele. Pero ojo, el cuadro de instrumentos, con su pantalla de 7 pulgadas y las esferas analógicas a los lados, es sencillo y se lee de maravilla.

En la consola central encontramos el mando que manda: el selector de tracción con los modos 2H, Auto, 4H y 4L. Algo obligatorio en un vehículo así. Junto a él, botones para el control de descensos, la cámara 360 y los modos ECO y Sport.
Las plazas delanteras son un buen sitio para estar. Los asientos son cómodos, sujetan bien el cuerpo y, además, son calefactables. El asiento del conductor tiene regulación eléctrica, lo cual es un lujo en esta gama. La posición de conducción es alta, muy alta, lo que da una visibilidad excelente. Te sientes como el rey de la carretera.

Y si pensábamos que las plazas traseras iban a ser un suplicio, nos equivocamos. El espacio para las piernas es correcto y el del hueco para la cabeza, sobresaliente. Tres personas adultas caben sin problemas. No es una limusina, pero para un pick-up está muy bien. Eso sí, el respaldo es un poco más recto de lo que nos gustaría, pero es el peaje a pagar por tener una caja de carga detrás.
Caja de carga
Vamos al meollo del asunto: la caja de carga. Sus medidas son 1.580 mm de largo, 1.520 mm de ancho y 440 mm de alto. Es amplia, cuadrada y práctica. Foton dice que puedes meter hasta 975 kg de carga útil. Y si eso se queda corto, puedes remolcar hasta 3.000 kg con freno. Son cifras que compiten de tú a tú con las de la competencia.

La caja viene con un protector de polímero en el suelo y las paredes, que es de agradecer para no arañar la chapa la primera vez que metas un saco de cemento. También tiene anclajes para atar la carga.

El acceso se hace mediante el portón trasero, que, como ya he dicho, es pesado y no tiene amortiguadores. Es un detalle que mejora mucho la usabilidad y que aquí se echa en falta. Pero bueno, por el precio, no se le puede pedir todo.
Motor
Levantamos el capó y nos encontramos con un motor que es toda una declaración de intenciones. Es un bloque de 2.0 litros turbodiésel de cuatro cilindros. Desarrolla 162 CV de potencia y un par máximo de 390 Nm, disponibles desde las 1.500 rpm. Es decir, tiene fuerza desde abajo, justo lo que necesita un vehículo de este tipo para mover carga o salir de un apuro.

Este motor se puede asociar a dos cajas de cambios: una manual de seis velocidades o una automática de ocho, que es la que yo he probado. La automática es de convertidor de par, lo que significa que es suave y fiable, ideal para el uso off-road. Los consumos homologados son de 8,5 l/100 km para la manual y 9,9 l/100 km para la automática.

Y aquí un dato que tranquiliza: Foton ofrece 5 años o 150.000 km de garantía. No está nada mal para ser una marca que aterriza en España. Y tiene una red de 21 concesionarios y un almacén de recambios en Guadalajara. No os voy a engañar, no es tan extensa como la de Ford o Toyota, pero es un comienzo sólido.
Comportamiento
Si nos salimos del asfalto, que es donde este bicho se siente como en casa, la cosa cambia radicalmente. He tenido la oportunidad de ponerlo a prueba en el circuito de off-road de Fresno de Torote (Madrid), y el terreno, con barro y pendientes pronunciadas, era el escenario perfecto para ver de qué está hecho este pick-up. Y tengo que decir que el G7 no se achanta.
Lo primero que hay que hacer en cuanto el terreno se pone serio es usar la ruleta de la consola central para engranar la reductora (4L). Aquí no hay botones táctiles ni historias; es un selector físico que te da la confianza de saber que estás conectando la mecánica dura. Además, cuenta con bloqueo de diferencial trasero de serie, que es un salvavidas cuando una rueda pierde tracción en un charco de barro. Es un coche que invita a usar la tecnología, pero sin florituras.

Las suspensiones, con su esquema clásico de doble trapecio delante y ballestas detrás, se «comen» los baches y los surcos con una solvencia pasmosa. Aunque lleva unos neumáticos Giti de perfil mixto (más pensados para el asfalto que para el barro puro), el G7 superó todos los obstáculos del circuito sin inmutarse. En las zonas más embarradas, la elasticidad del motor y el empuje del par desde abajo permiten salir del atolladero sin necesidad de ir a fondo de revoluciones.
Y aquí viene lo mejor: sus cifras off-road son de todoterreno puro. Hablamos de un ángulo de ataque de 30 grados, un ventral de 21 grados y un ángulo de salida de 24 grados. Sumado a una altura libre al suelo de 210 mm y una capacidad de vadeo de 600 mm. Esto significa que puedes cruzar rampas pronunciadas y arroyos sin miedo a dejar el paragolpes o los bajos en el intento. Lo que más me ha gustado de esta parte es la sensación de solidez.

A pesar del traqueteo constante y de llevar la caja de carga vacía (lo que suele hacer que los pick-up con ballestas reboten como un carrito de la compra), el habitáculo demostró una calidad de ensamblaje que aguantaba bien los golpes. Eso sí, con la caja descargada, el tren trasero tiende a ser algo brusco en terreno irregular; es el peaje de tener ballestas para poder cargar casi 1.000 kg.
En definitiva, si tu día a día implica salir al campo, el G7 te va a sacar las castañas del fuego. Es relativamente ágil, tiene una dirección que, aunque dura en ciudad, aquí da una información precisa de lo que pasa bajo las ruedas, y la reductora funciona a la perfección. No es un buggy de competición, pero es un compañero fiable para el agricultor, el ganadero o el aventurero que busca perderse por pistas forestales.
Opinión coches.com
Llegamos al final y toca ser claro. El Foton Tunland G7 es un coche que me ha sorprendido para bien. No es perfecto, pero por el precio que tiene, ofrece un paquete muy completo.
Lo bueno: su diseño imponente, un interior con acabados más que correctos para su enfoque laboral, una capacidad de carga y remolque de primer nivel y un comportamiento en carretera y campo que no tiene nada que envidiar a rivales mucho más caros. La dirección, con su peso firme, es un acierto.

Lo malo: la pantalla multimedia es mejorable, se queda anticuada y sin Apple CarPlay. El ruido del motor en aceleraciones y el portón trasero sin amortiguadores son detalles que restan puntos.
Entonces, ¿lo recomiendo? Depende. Si lo que buscas es un vehículo para el trabajo, para cargar y remolcar sin preocupaciones, y quieres ahorrarte un buen pellizco respecto a un Ford Ranger o un Toyota Hilux, el Foton Tunland G7 es una opción más que interesante. Su relación calidad-precio es brutal.
Pero si buscas un coche para el día a día, con lo último en conectividad y un confort de rodadura de berlina, este no es tu coche. El G7 es un pick-up, con todas sus virtudes y sus defectos. Y como pick-up, cumple con creces. No esperaba que un diésel chino me convenciera, pero lo ha hecho. Y eso, en este oficio, es lo que hace que merezca la pena levantarse cada mañana. Un saludo y nos vemos en la próxima.
- Precio con descuento y relación calidad-precio
- Capacidad de carga y remolque
- Comportamiento off-road notable
- Pantalla multimedia por detrás de algunos rivales
- Portón trasero sin amortiguadores
- Aislamiento acústico y tacto de plásticos
Foton Tunland G7: prueba contacto con el pick-up chino que convence más allá del precio (que también). Galería de fotos
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