Los coches eléctricos no son algo reciente dentro de nuestra cultura de movilidad. De hecho, en los albores de la automoción, había más vehículos movidos por baterías que por combustibles fósiles. El Riker Electric era uno de los más famosos. Tras ser abandonados en beneficio de las energías no renovables, no fue hasta la segunda mitad (sobre todo finales) del siglo XX cuando vimos algunos experimentos, como el Volvo Elbil en 1976.

De forma similar al smart o al primer Mazda eléctrico, aunque algo más adelantado a ambos, el pequeño coche de Volvo buscaba introducir en el mercado una máquina extremadamente útil para su empleo en zonas urbanas y pequeños poblados. La firma sueca ya comenzó en los años 70 a experimentar con motores eléctricos, mucho antes de nacer el XC40 Recharge, y dadas sus ventajas a la hora de “llenar el depósito”, lo convierten en una opción muy apta para las rutas del día a día.

La segunda premisa que convierten al Volvo Elbil en un perfecto medio de transporte personal en la urbe es su tamaño: 2,68 metros de largo, casi dos centímetros menos que un smart fortwo. Pero a diferencia de este, el cochecito de Gotemburgo es capaz de acoger hasta cuatro personas. Recordemos que, en esa época, Volvo destacaba por ser un fabricante de berlinas y familiares de formas cuadradas muy espaciosas, ganando el apodo de “tanques”. El Elbil seguía la misma temática.

Pero este no fue el único, puesto que la compañía construyó otro prototipo destinado al servicio de entrega postal con dos plazas. Vale, en apariencia no era precisamente lo que se dice una belleza, pero el propósito no era competir a través de la vista. Para aquellos que conocen con detalle los modelos de Volvo, especialmente lo de esos años, podrán reconocer que las manijas de las puertas pertenecen a la serie 240. El resto de los componentes eran propios para este prototipo.

Como fuente de energía, empleaba una pareja de motores eléctricos montados sobre el eje posterior (era de propulsión) que proporcionaban una energía de 9,5 kW, o lo que es lo mismo, 13 CV de potencia. Con una batería de plomo-ácido de 300 kilos y capacidad desconocida, podía ser conducido durante un par de horas, más o menos; aunque no antes de necesitar una recarga de 10 horas. Marca un peso sobre la báscula de una tonelada, pero podía alcanzar una velocidad punta de 70 km/h.

Para ser conducido, el piloto dispone de un volante de tres radios, y poco más. Dos voltímetros, un velocímetro, un puñado de interruptores y un botón maestro fueron agrupados en una consola central ligeramente inclinada. Aunque fue diseñado como la forma más pura de transporte, el Elbil disponía de cuatro cinturones de seguridad y reposacabezas en los asientos delanteros; no esperaríamos menos de Volvo. La ventilación corre a cargo de lo que entre por las medias ventanillas.

Pero Volvo nunca llevó el modelo a producción. Otras empresas especializadas en el segmento como Fiat o Ford también experimentaron con vehículos de muy reducido tamaño en los 70, especialmente a raíz de la primera crisis del petróleo que sacudió la economía mundial en 1973. Como último dato, cabe destacar que el nombre Elbil fue elegido por los ingenieros de la marca por su significado en sueco: “coche eléctrico”. Está claro que la sencillez era la premisa número uno del Elbil.

Fuente: Autoblog

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