
El exceso de confianza en los sistemas de seguridad de los coches está aumentando el riesgo de accidente
Es indudable la evolución tecnológica que han sufrido los coches en las últimas décadas. Lo que antes se definía con una simplicidad máxima, ahora se ha convertido en aparatos cargados de sensores, cámaras y asistentes que velan por la seguridad del usuario. Sin embargo, es bastante increíble ver como el exceso de ayudas a la conducción también ha traído un enemigo invisible que causa muchos accidentes: el exceso de confianza del conductor. Vamos a ver cómo estos aliados a veces pueden convertirse en enemigos.
Un estudio reciente hecho por Economist Enterprise con el apoyo de Brembo desvelaba esta realidad incómoda en el sector automotriz. El 90 % de los conductores de a pie afirman sentirse plenamente seguros en sus desplazamientos diarios, una confianza prácticamente ciega en la tecnología. Sin embargo, cuando se le pregunta a los ingenieros y profesionales de la industria, la cifra se desploma hasta el 42 %. ¿A qué se debe esta brecha? Se podría resumir en que, quien crea la máquina sabe que no es infalible.

Con este cambio de paradigma se ha pasado de preocuparse por la avería mecánica y de revisar la varilla del aceite a una despreocupación absoluta. «Total, si pasa algo el coche me avisará». Y en parte es cierto, ya que los profesionales opinan que los fallos del vehículo no son el problema de seguridad, que el peligro radica en la incomprensión y el mal uso que hacemos de los sistemas automatizados. Esa confianza es la que puede llegar a cegar, olvidar que algunas de estas funciones todavía tienen límites.
La raíz de la cuestión en muchos casos está en los propios fabricantes con sus estrategias de comunicación. El 65 % de los profesionales del sector cree que la publicidad exagera notablemente las capacidades reales de los asistentes de conducción, que pueden confundir al conductor. Estamos acostumbrados a ver denominaciones comerciales confusas o presuntuosas que hacen creer al usuario que está comprando un coche prácticamente autónomo. Pero la realidad es que necesita de supervisión constante del humano.

Se ha demostrado que hay momentos críticos cuando la tecnología llega a su límite y devuelve el control al conductor. Si el usuario va distraído y se le requiere bruscamente una acción, el tiempo de reacción es superior y puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Parece más que claro que muchos sistemas de ayuda a la conducción están suspendiendo en la materia de que el conductor esté centrado al volante.
Además, nos queda una conclusión interesante. Por mucho que evolucione la tecnología, el comportamiento humano sigue siendo el eslabón más débil de la cadena. Los conductores deberían estar más concienciados y los fabricantes transmitir lo que hacen exactamente sus sistemas para que no haya confusiones.
Fuente: Economist Enterprise
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