
¿Los sensores y la tecnología de los coches aumenta o reduce el coste de reparación? Parece que las dos cosas...
Todos los que han sufrido algún tipo de golpe reciente con el coche, sabrán que los costes de reparación han subido bastante. Se habla de un ritmo muy por encima al de la inflación, incrementándose más de un 40 % desde el año 2020, algo que preocupa a todos los conductores. Este encarecimiento generalizado es achacado muchas veces a la tecnología cada vez más puntera presente en los vehículos. Sin embargo, parece que estas novedades aumentan y reducen los costes al mismo tiempo, tiene una explicación compleja.
Lo que está claro es que montar un buen número de sensores y cámaras para alimentar a los sistemas de asistencia a la conducción encarece bastante el paso por el taller. Estos periféricos suelen están expuestos y son sensibles a cualquier golpe de chapa, por no hablar de la necesidad de recalibrarlos con cada impacto. A pesar de ello, no hay que culpar únicamente a la tecnología. Los coches cada vez son más grandes y eso se traduce en una energía cinética superior que durante una colisión genera mayores daños estructurales.

Por no hablar de la cantidad de equipamiento de serie que traen los vehículos actuales. Hace décadas era todo más simple, igual que las reparaciones. Hoy tenemos faros direccionales que son más costosos, asientos eléctricos o varias pantallas ligadas al sistema de infoentretenimiento. Y las mecánicas también han evolucionado y sumado complejidad. Frente a los motores atmosféricos del pasado, ahora tenemos turboalimentación en la gran mayoría de los coches y cada vez se van sumando más sistemas híbridos que requieren mano de obra especializada para sus reparaciones.
Por lo tanto, aparece una paradoja con esos asistentes de seguridad y su relación con los costes de reparación. Si ponemos dos coches idénticos, uno equipado con frenada automática de emergencia y otro sin ella, y ambos sufren el mismo choque frontal, la factura del primero será siempre superior. Es lo que hablábamos antes de lo que cuestan y de su calibración, registrando un coste medio un 10 % por encima de los coches no conectados y hasta un 15 % cuando son daños provocados a terceros.

Pero también hay que mencionar que sirven precisamente para evitar accidentes y que consiguen esquivar la mayoría de roces urbanos a baja velocidad. Que sea más cara su reparación es porque se suele corresponder con choques a mayor velocidad. El verdadero triunfo de esta tecnología reside en los choques que nunca llegan a producirse. Con los sistemas de seguridad se reducen un 10 % los partes por daños propios y las reclamaciones a terceros caen casi un 40 %. Podríamos decir que el desembolso económico total desciende y, lo que es más importante, que también se salvan muchas vidas y previene lesiones físicas.
Fuente: IIHS
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