La mancha que dejó el escándalo del Dieselgate es difícil de limpiar, más aún cuando siguen saliendo otras polémicas años después. Hace poco hubo una nueva llamada a revisión a 127.000 modelos de Audi, aunque lo que se ha desvelado esta semana ha tomado un matiz más bizarro. Al parecer, en 2015 se experimentó con personas y con monos para probar el efecto que tenían en ellos las emisiones de los motores diésel.

Todo comienza en 2007 con la creación del European Research Group on Environment and Health in the Transport Sector (EUGT), un grupo de investigación financiado por tres fabricantes alemanes: BMW, Daimler y Volkswagen. A través de esta organización se llevaron a cabo varios estudios, al parecer con la finalidad de seguir defendiendo el diésel después de que se descubriera que algunos de los gases del escape tenían componentes cancerígenos.

El caso es que en 2014 uno de los experimentos fue encargado por el EUGT al Lovelace Respiratory Research Institute (LRRI) en Albuquerque, Nuevo México y en él se utilizó a diez macacos cangrejeros. Los primates fueron encerrados en jaulas en una sala en la que se expulsaba el humo de un Volkswagen Beetle diésel. Al parecer, les pusieron dibujos animados en una televisión durante las cuatro horas para que estuvieran tranquilos. El vehículo llevaba el famoso software ilegal para modificar sus emisiones en el ciclo de homologación.

Aunque todavía sea legal la experimentación con animales, esto constituye un importante dilema ético. Si a esto sumamos que dicho experimento ya estaba manipulado desde el principio, la polémica está servida. No está claro si los tres fabricantes estaban al corriente de este experimento efectuado por el EUGT. El Grupo Volkswagen ya ha pedido disculpas públicamente y condenado la acción, mientras que BMW y Daimler se han desmarcado del asunto.

Pero después de este experimento con los macacos tuvo lugar otro aún más polémico. También se probó el efecto de las emisiones diésel en 25 humanos, que se presentaron voluntarios en una clínica utilizada por la Universidad de Aachen. Allí estuvieron inhalando NOx (óxidos de nitrógeno) en diferentes concentraciones y durante varias horas. La excusa era probar los efectos sobre la salud en el puesto de trabajo de gente que está más expuesta a estas emisiones, como soldadores o mecánicos.

La universidad se ha defendido diciendo que el estudio había sido aprobado por una comisión de ética independiente. Las responsabilidades alemanas han condenado rotundamente la práctica. Los tres fabricantes muestran desconocimiento y repulsa, al igual que con el experimento con los monos. Los resultados de ambos estudios no han sido concluyentes, pues el EUGT fue cerrado en junio de 2017 debido a toda esta controversia.

Fuente – New York Times / Automotive NewsStuttgarter Zeitung

NO HAY COMENTARIOS

Deja una respuesta