A nadie se le escapa que Wall Street aunque todavía resiste comienza a ser el pasado y que el presente y todavía más el futuro pasan por Pekín. Ante tal panorama, las grandes marcas de automoción quieren empezar a expandir sus tentáculos por el gigante asiático, a pesar de las particularidades comerciales de un país poco amigo de la democracia y muy exigente con los mercados extranjeros que pretendan hacer negocio en su economía.

A medida que Alemania ha conseguido superar la recesión, e incluso empezar a crecer a niveles macroeconómicos, una de sus grandes industrias, los automóviles, también empiezan a levantar cabeza y realizar movimientos comerciales en el extranjero. Una de las últimas en anunciar su desembarco en masa en China ha sido Porshche, el fabricante alemán de alta gama que tiene previsto multiplicar por tres su red de concesionarios en el país, hasta alcanzar la cifra de cien distribuidores en un plazo máximo de dos o tres años, según ha declarado el consejero delegado de la marca, Matthias Mueller durante la celebración del Salón Internacional del Automóvil de Detroit.

En cuanto a lo que al mercado estadounidense se refiere, Porsche considera todavía prematuro hablar de cifras de ventas para el presente año, aunque aseguran que como mínimo sería imprescindible igualar las de 2010, donde consiguieron la matriculación de 25.000 unidades. No obstante desde Porsche se han mostrado optimistas y capaces de superar la barrera, puesto aseguran que el cliente de lujo norteamericano está dispuesto a gastar dinero y los vehículos siempre han sido un capricho preferente para sus ciudadanos.

Durante la celebración de la feria de Detroit, la firma con sede en Stuttgart presentó la que es su gran apuesta para este año, el Porsche 918 Hybrid RSR, un cupé biplaza con una potencia de 767 caballos, fruto de la fusión de la tecnología propia del GT3R de motor híbrido y el diseño del Spyder 918.

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