
20 años del carnet por puntos: así cambió nuestra forma de conducir
Para muchos puede parecer que fue ayer, pero ya han pasado dos décadas desde que los conductores españoles tuvieron que cambiar su forma de ver la conducción. Con la entrada de julio de 2006 llegó una auténtica revolución en el permiso de conducción. Dejaba de ser un derecho adquirido para toda la vida en algo que se podía perder por hacer mal las cosas, una especie de crédito de confianza que otorgaba el sistema. El famoso carnet por puntos pasó a ser la norma y a castigar a aquellos que cometían imprudencias, pero también se mejoraron otros aspectos.
Muchos de los que nos leen no habrán conocido el anterior sistema, pero estaba basado únicamente en sanciones económicas. Es decir, se cometiera la infracción que se cometiera (incluso con reincidencia), el usuario podía seguir conduciendo y lo único que le dolía era el bolsillo. Con el permiso por puntos se apostaba por una filosofía que obligaba a se más conscientes de nuestros actos, incluso por la reeducación vial cuando había retirada del carnet. Eso sí, el cambio fue fuerte. De un día para otro, casi 22 millones de conductores empezaban con 12 puntos, mientras que los noveles con menos de tres años de experiencia arrancaban con 8 puntos.
Como con otros grandes cambios, tuvo que pasar tiempo para aprender bien el nuevo sistema. Tuvimos que aprender cuáles eran las infracciones que más puntos restaban y también cómo podíamos consultar el saldo de puntos. En otros caso, tocó ver cómo se podían recuperar puntos para no perder el permiso. Ahora vamos a hacer un repaso de la historia de nuestro carnet y cómo ha cambiado el paradigma.
Los inicios

El camino hacia la implantación definitiva de este sistema no estuvo exento de grandes retos y el evidente escepticismo inicial que aparece antes de los cambios. Según los expertos, parecía que la sociedad española de la época había caído en cierta resignación ante los accidentes. Cada año había miles de muertes en carretera y muchos se lo tomaban como un peaje de la movilidad moderna, ligado al aumento de desplazamientos. Sin embargo, el consenso político fue rotundo y aprobaron la nueva ley sin ni un solo voto en contra en el Congreso.
Para conseguir que este cambio normativo calara en la población, la DGT llevó a cabo una importante campaña de comunicación. Con un abultado presupuesto de cinco millones de euros, se anunció en las radios, periódicos y televisiones a través de anuncios explicativos. También se envió una carta informativa a cerca de 14 millones de hogares, detallando cuántos puntos restaba cada infracción y recordando ese lema que se hizo oficial: «Lo único que cambia es que hay más seguridad».
Cómo ha mejorado la seguridad

Los resultados de este arriesgado experimento no tardaron demasiado en reflejarse positivamente en las estadísticas de siniestralidad. Antes de su implantación, en el año 2005, nuestras carreteras se cobraron la escalofriante cifra de 4.442 vidas humanas. Dos décadas después, en el pasado 2025, esa triste estadística se había reducido hasta los 1.119 fallecidos. Desde aquí hemos sido críticos y creemos que tendría que ser aún inferior, pero es indudable el descenso Se logró pasar de 101 muertes por millón de habitantes a tan solo 36, uno de los valores más bajos de Europa.
Este éxito estadístico se debe a muchos factores, hay que dejar claro que la tecnología de los coches ha avanzado y que hay muchos más sistemas de seguridad obligatorios. Aunque también hay un efecto disuasorio por el miedo a perder el carnet. Además, el modelo ha demostrado que la reeducación funciona. La mayoría de los infractores que acuden obligados a los cursos de recuperación logran modificar algunos hábitos. Como dato, el 88,4 % no vuelve a ser sancionado en los seis meses inmediatamente posteriores.
La pérdida de puntos en cifras

A lo largo de estos 20 años, las multas por exceso de velocidad se han coronado como las indiscutibles reinas de la pérdida de puntos. Más de 24 millones de puntos han sido retirados por pisar el acelerador más de la cuenta. Le sigue el consumo de alcohol, responsable de retirar otros 9,3 millones de puntos. Saltarse un semáforo en rojo o manipular el teléfono móvil completan este poco honroso ranking de imprudencias recurrentes con 8,5 y 7,3 millones de puntos, respectivamente.
Resulta llamativo analizar la evolución temporal de las pérdidas de vigencia del carné. El año 2009 ostenta el récord absoluto, coincidiendo con el momento en que los infractores más persistentes agotaron por primera vez todo su crédito inicial con 39.505 retiradas del carnet. Aunque las cifras se han ido estabilizando con el paso del tiempo, en 2024 todavía hubo 24.910 conductores que vieron cómo su saldo se quedaba a cero, obligándoles a entregar temporalmente sus llaves.
Cómo es en otros países de Europa

Lejos de ser un invento de las autoridades españolas, este sistema del carnet por puntos lleva años demostrando su valor en Europa. Alemania fue el país pionero, estrenando una versión muy similar allá por el año 1974. Francia hizo lo propio en 1992, seguida por Italia en 2003, logrando en todos los casos sendas caídas en la mortalidad vial. Actualmente, más de una veintena de países europeos aplican sus propias normativas de puntos, aunque con diferentes matices y enfoques que son opuestos.
Como es lógico, cada territorio adapta el sistema a sus particularidades jurídicas y culturales. Mientras que España penaliza restando puntos de un saldo inicial, en otros como Reino Unido o Noruega se van sumando. Hay excepciones en países como Dinamarca o Países Bajos, que acumula marcas negativas. La siguiente pregunta es si en algún momento habrá una armonización comunitaria para que todos los países funcionen bajo un mismo sistema. De ese modo, las infracciones cometidas en cualquier país miembro tendrían consecuencias directas.
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