Hay un segmento por el que no pasan los años, un tipo de coche que se mantiene en el tiempo por un motivo obvio. Las berlinas de representación tienen que existir, no hay discusión en esta afirmación. Son un nicho muy pequeño que permanece ajeno a las ventas y que tiene un claro objetivo: mostrar los máximos de un fabricante. El Mercedes Clase S es una prueba de ello, un modelo con una dilatada historia que siempre ha querido representar la excelencia.

Hubo una época en la que se le calificó como “el mejor coche del mundo“. Nosotros no nos atreveríamos a decir eso con tal rotundidad, pero lo cierto es que tampoco se quedaba lejos. Su concepto se comenzó a gestar hace más de un siglo, con el Mercedes-Simplex 60 hp de 1904, el primer modelo de lujo de la marca. En los años consecutivos se fueron sucediendo una serie de ejemplares que perseguían la misma meta y que utilizaban la denominación que comenzaba por la “W” (actualmente vamos por el Clase S W222).

Porque lo cierto es que la Clase S como tal no nacería hasta 1972. En ese momento, con la generación W116, se comenzó a usar como abreviatura de Sonderklasse, que en alemán vendría a significar “de otra clase”. Si sumamos las ventas de sus distintas generaciones, desde el final de la Segunda Guerra Mundial se han vendido más de 3,5 millones de unidades. Eso quiere decir que es la berlina de lujo más vendida del mundo y que tiene buenos motivos para ostentar ese cargo. Te los contamos.

Exterior

El primer requisito para ser una berlina de representación es tener sus dimensiones. Estamos con un vehículo que tiene una longitud de 5,12 metros, una anchura de 1,90 metros y una altura de 1,50 metros. La distancia entre ejes es de 3,03 metros en la versión ‘normal’. Y decimos esto porque también hay una variante de batalla extendida que crece hasta los 5,27 metros de largo con una distancia entre ejes de 3,16 metros. Casi nada.

Un segundo requisito en este tipo de vehículos es el de tener los tres volúmenes y un diseño reconocible. En el caso de Mercedes se emplea la continuidad  y cierto conservadurismo, no podemos esperar demasiado atrevimiento en su exterior. Aplicando el viejo refrán que dice “si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?“. En 2017 llegó su última actualización y desde entonces ha habido nuevas generaciones de sus principales rivales, el Audi A8 y el BMW Serie 7.

Y de dicho trío, el Mercedes Clase S será el más sobrio y el que menos llame la atención. Tras el restyling destaca por un frontal más potente, con una parrilla rodeada por un marco cromado o tomas de aire de generosas dimensiones. Los faros delanteros han sido rediseñados y pueden llevar la tecnología Multibeam LED (como nuestra unidad de pruebas). Como no podía ser de otra forma, el logotipo de la estrella ocupa una posición privilegiada en el capó.

En el lateral del vehículo destaca por los tres volúmenes bien marcados, como hemos dicho antes. Es una zona comedida en la que apenas hay elementos que puedan llamar la atención. Como mucho podemos destacar el cromado que rodea las ventanillas y las llantas de 19 pulgadas de nuestro ejemplar. Este elemento va incluido en el paquete AMG line, que es el encargado de aportar un poco de deportividad a la berlina.

Si pasamos a la zaga del vehículo nos encontramos con una configuración clásica de cuatro puertas, como mandan los cánones de estos modelos. En el portón del maletero hay un listón cromado horizontal y las credenciales del modelo. A ambos lados unos pilotos LED inclinados, que esconden una firma lumínica bastante llamativa. En la parte inferior, en su difusor aparecen dos salidas de escape que quedan unidas por una moldura cromada. Son falsas, así que empañan un poco el conjunto.

Interior

Y si el exterior del Mercedes Clase S podía ser tachado de cauto e incluso de aburrido, el interior no dejará ninguna de esas dos impresiones. Si analizamos el término “berlina de representación” nos queda claro que es aquella que quiere ser “imagen o símbolo de algo”. En este caso dejar claro que Mercedes busca ser un referente tecnológico y con este modelo lo llevan a su máxima expresión, con sistemas que hicieron su aparición en este modelo.

No es el caso del sistema de doble pantalla, que aparecía anteriormente en el Mercedes Clase E. Tenemos una pantalla de 12,3 pulgadas justo detrás del volante para hacer las veces de instrumentación y tenemos otra de idénticas dimensiones para el infoentretenimiento. El sistema multimedia tiene unos gráficos con muy buena resolución y un funcionamiento fluido. Aunque requiere de cierto tiempo de aprendizaje, ya que no basta con tocar las pantallas con los dedos como en un smartphone.

La instrumentación se controla desde el volante, un elemento novedoso también porque tiene algunos controles táctiles en sus radios de aluminio. Del volante también hay que destacar su grosor y su tacto, aunque ya hablaremos luego de la tapicería de cuero. La segunda pantalla se controla desde la ruleta que descansa en la parte baja de la consola central, que cuenta también con una superficie que hace de ratón para navegar entre los menús.

Si seguimos hablando de la disposición que adopta este habitáculo, hay que decir que hay cuatro aireadores circulares en la parte central, por debajo de la pantalla. Y justo en el medio un pequeño reloj analógico que le da ese toque clásico que debía tener el Clase S entre tanta tecnología. Más abajo hay una botonera para los controles de la climatización y ya en la zona baja de la consola central otros botones con diferentes funciones. No habrá selector de marchas aquí, no hay que olvidar que en Mercedes tenemos la caña que sale del lado derecho del volante.

Otra cosa que llama la atención en este interior es la disposición de los tiradores de las puertas. Están en una posición algo más baja de lo normal y en su lugar encontramos los botones del ajuste eléctrico de los asientos. Unos asientos que, por cierto, son de lo más destacado de la industria. Tienen reglajes eléctricos y varias opciones de memoria, por no hablar de que son calefactados y ventilados o de que tienen varios programas de masaje.

Porque eso es lo que busca el Mercedes Clase S: la excelencia. En términos de calidad la ha conseguido y con creces. Otro requisito para ser berlina de representación es el lujo. Aquí vemos materiales nobles por doquier, no hay nada que lo empañe. La madera que cubre parte del salpicadero, puertas y consola central es real tiene un tacto exquisito. Lo mismo pasa con la tapicería de cuero con las costuras en contraste y partes perforadas, una maravilla.

Incluso se ve en detalles como el interior de los huecos portaobjetos forrados, las alfombrillas de mayor grosor, el plástico blando de la parte inferior de las puertas o el mullido de los reposacabezas. Aquí se ha cuidado hasta el más mínimo detalle, es lo que se espera de un coche de su condición y precio. No hay errores en los acabados ni ruidos raros que aparezcan sobre la marcha. Todo parece estar donde debe.

Si hablamos de habitabilidad sobra decir que las plazas delanteras son muy amplias y cómodas, ya hemos nombrado las virtudes de sus asientos. Y algunos de los compradores de Mercedes Clase S acostumbraran a viajar en las plazas traseras, así que nos centraremos en esta zona. El asiento central casi que nos lo saltamos, es muy estrecho y solo será utilizado para salir de algún apuro. Merece más la pena “plegarlo” para dejar una especie de consola con reposabrazos.

Las plazas laterales son otro cantar. También cuentan con ajustes eléctricos, permitiendo al usuario que vaya prácticamente tumbado para elevar su confort. Por no hablar de esas almohadillas mullidas de las que ninguna cabeza se querrá separar. Sobra espacio en todas sus cotas, destacando el disponible para las piernas. Además, las puertas traseras son grandes y el acceso es fácil. Lo podemos asegurar al haber llevado a una novia en su camino hacia el altar con uno de esos vestidos de cola que no podrían entrar en cualquier berlina.

Maletero

En un coche que supera los 5 metros de longitud podría ser de esperar un maletero gigantesco. Pero lo cierto es que, en este caso, sus dimensiones no van en proporción. Podríamos decir que es uno de los pocos pecados del Mercedes Clase S pues se queda en 510 litros de capacidad. No es que esté mal, de hecho es superior a lo que vemos en muchos SUV. Simplemente que no será tan aprovechable como en otros modelos.

Como decíamos es un cuatro puertas y el portón cuenta con apertura eléctrica. La boca de carga es bastante ancha, no costará demasiado llegar hasta el final del maletero. Sin embargo, queda en una posición elevada y eso puede dificultar la carga de los objetos más pesados y voluminosos. Como era de esperar, no contaremos con la ventaja de poder abatir los asientos traseros para ampliar su capacidad. Bajo el piso no hay rueda de repuesto, sino el kit reparapinchazos y un hueco adicional.

Equipamiento

El apartado de equipamiento en un coche como el Mercedes Clase S puede ser algo difuso. Se trata de un vehículo de muy alta gama que puede ser personalizado hasta niveles insospechados. Pero bueno, empezaremos con la dotación que trae de serie y luego iremos completando con lo que tenía nuestro ejemplar de pruebas. En el exterior ya cuenta con iluminación LED, con llantas de 19 pulgadas, con la parrilla de tres lamas dobles o con esas salidas de escape falsas.

En el interior viene con tapicería de cuero, asientos delanteros calefactados con ajuste eléctrico, iluminación ambiental con 64 colores, umbrales de las puertas iluminados, climatizador automático, las dos pantallas de 12,3 pulgadas. También son de serie otros sistemas llamativos como el limpiaparabrisas adaptativo calefactado (Magic Vision Control) o la suspensión neumática Airmatic, además de algunas ayudas a la conducción.

Una de las principales novedades del Clase S era la incorporación del Confort Energizing, un sistema que permite crear una atmósfera que se adapte a nuestro estado de ánimo. Con solo cambiar de modo se modificarán parámetros como la climatización, la música e incluso el color de la iluminación ambiental o el aroma del interior. Un sistema de sonido Burmester de 13 altavoces también estará entre sus equipos de serie, aunque ya veremos que no servirá de mucho.

A partir de ahí ya comienza el despliegue de extras que irá acorde a las necesidades de cada uno (y al tamaño de su cartera). Para empezar por fuera podemos tener el acabado AMG Line para tener una presencia más deportiva. Hay otros paquetes interesantes como el Premium Plus o el Exclusivo, que nos sumaron un buen número de bondades como el techo corredizo panorámico, el Head-Up Display o las molduras de madera, entre otras.

Los que viajaron en las plazas traseras se beneficiaron de los asientos eléctricos, calefactados y ventilados; además de su calefacción propia. Al conjunto se sumaba el otro sistema de sonido Burmester, el High-End 3D con 27 altavoces y 1.590 vatios de potencia. Por no hablar de que la conducción se hacía mucho más fácil con las innumerables ayudas a la conducción del Intelligent Drive, que lo convierten en un coche semi-autónomo capaz de llevar a cabo muchas funciones por sí solo y con gran precisión.

Motor

La gama de motores del Mercedes Clase S es bastante completa. Llama la atención la cantidad de opciones de gasolina que tiene a pesar de su segmento. En este apartado están dos versiones con el motor de seis cilindros, el S 450 con 367 CV y el S 500 con 435 CV. Ya con ocho cilindros está el S 560, que tiene 469 CV. En la parte superior hay dos AMG con motor V12, el S 63 con 612 CV y el S 65 con 630 CV. Todos excepto el más potente van con la transmisión 9G-Tronic y algunos se pueden escoger con la tracción total 4Matic.

Por la parte del diésel hay menos donde elegir, pues solamente hay dos versiones ligadas al motor de seis cilindros. Por un lado el S 350 d con 286 CV y por el otro el S 400 d con 340 CV. Como ya habíamos dicho al principio, estamos probando el Mercedes S 350 d 4Matic, lo que quiere decir que tenemos un bloque diésel V6 biturbo de 3.0 litros bajo el capó. Va ligado a la transmisión automática 9G-Tronic y a la tracción total 4Matic.

Nuestro Clase S tiene 286 CV y 600 Nm de par entre las 1.200 y las 3.200 rpm. A pesar de ser un coche que ronda las dos toneladas, tiene unas prestaciones bastante dignas. Es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 5,8 segundos y su velocidad máxima está limitada a 250 km/h. Aunque no sea demasiado relevante, la berlina homologa un consumo combinado de 7,1 l/100km y unas emisiones de CO2 de 187 g/km según el ciclo WLTP.

Comportamiento

Aunque las sensaciones que ofrece este Mercedes S 350 d 4Matic no pueden ser imaginadas leyendo su ficha técnica. Se trata de un coche que va más allá, en el que hay que sentarse y conducir porque es una experiencia única. En primer lugar por la total suavidad de la mecánica diésel. Estamos probando una versión de acceso a la gama y lo cierto es que no teníamos las expectativas demasiado altas.

Pero los 286 CV y, sobre todo, los 600 Nm de par parecen suficientes a pesar de las dimensiones del Clase S. La entrega se hace de forma lineal, muy dócil pero a la vez con solvencia. Desde la parte baja del cuentarevoluciones nos llega lo necesario para moverse con soltura y sin necesitemos mucho más. Hay que recalcar que aquí no buscamos deportividad sino un desempeño ejemplar, algo que se logra de forma contundente a pesar de su elevado peso.

Y la transmisión automática 9G-Tronic parece haber nacido para esto. Su combinación con el motor es sobresaliente, los cambios se hacen con una suavidad envidiable y también con una rapidez más que suficiente. Hay que decir que siempre podemos optar por cambiar secuencialmente mediante las levas en el volante, pero en muchas ocasiones no hará ni falta, pues el cambio parece leer nuestra mente. Más aún si nos ayudamos de los modos de conducción.

El Dynamic Select tiene cuatro posiciones que son Eco, Comfort, Sport e Individual. Modifican bastantes parámetros y consiguen un comportamiento diferenciado en función de las necesidades. En el más eficiente podremos hacer consumos ridículos en carretera ayudándonos del ‘modo vela’, mientras que en el más deportivo tendremos una agilidad que no habríamos imaginado de un vehículo de su condición.

Pero al final, en cualquier modo y en cualquier tipo de vía, todo queda resumido en un aspecto. La calidad de rodadura del Mercedes S 350 d 4Matic es apabullante. En el puesto de conducción nos sentimos como en una especie de burbuja en la que no nos llegan ruidos ni vibraciones, incluso los resaltos quedarán apaciguados notablemente. Se ve en detalles como el aislamiento del vano de motor o el grosor de puertas y lunas, el trabajo de insonorización es sobresaliente.

De esta forma encontramos una total comodidad al volante, podríamos hacer un viaje de 1.000 kilómetros y llegar al destino sin un ápice de fatiga. De hecho, donde más va a destacar este Clase S es en autovías y autopistas, donde su aplomo es destacado y podremos estar rodando a 120 km/h a apenas 1.200 rpm. Aunque en esta condición de aislamiento parcial también sentimos todo lo referente a la conducción.

Eso es gracias a elementos como la suspensión neumática Airmatic, que venía de serie y que nos ofrece amortiguadores de dureza variable. Este sistema adaptativo es de lo más destacado que podamos ver en el mercado. Es capaz hasta de detectar baches para elevar la carrocería y apenas notarlos. Por no hablar de detalles como que baje su altura cuando se pasan los 120 km/h o que la eleve a bajas velocidades.

Eso lo convierte en un coche muy agradable de conducir, aunque muchos de sus compradores quizá no vayan a comprobarlo nunca. Otra cosa que no mirarán mucho es el consumo de su Mercedes S 350 d 4Matic. No es nada alarmante, pues el acceso a la gama diésel apenas nos deja con una media de 8,5 litros y estando seguros de que esa cifra bajaría más si hubiéramos hecho más autopista (un gran porcentaje de la prueba fue por carreteras secundarias).

Opinión coches.com

Si se está buscando una berlina de representación, el Mercedes Clase S siempre tiene que estar en la lista. Es un modelo a revisar obligatoriamente por su dilatada historia y también por su evolución destacada. En el apartado estético no lo es tanto, pues es su parte más tradicional y continuista (a la par que elegante). Sin embargo, el interior es un escaparate cargado de toda la tecnología y del lujo que necesitaría cualquiera. La comodidad de todas las plazas queda patente y solo nos podemos quejar de un maletero algo justo.

Si nos centramos en el Mercedes S 350 d 4Matic que probamos hay que decir que la mecánica diésel de acceso es suficiente para moverlo con cierta soltura. De su comportamiento destacamos esa exquisita calidad de rodadura que muy pocos ejemplares podrán igualar. Pero todo en esta vida tiene un precio y el de este modelo no es precisamente bajo. Ya parte por encima de los 100.000 euros y con la configuración que tenemos se acerca peligrosamente a los 150.000 euros. Poderoso caballero es don dinero.

Mercedes S 350 d 4Matic
8.4 Nota
Lo mejor
  • Auténtico escaparate tecnológico
  • Interior de auténtico lujo
  • Calidad de rodadura soberbia
Lo peor
  • Maletero pequeño para sus dimensiones
  • Algunos extras que podrían ir de serie
  • Precio final al alcance de muy pocos
Diseño8
Habitabilidad8.5
Acabados9.5
Maletero7.5
Equipamiento8.5
Motor8.5
Comportamiento9.5
Calidad Precio7.5

Galería de fotos:

Ver galeria (71 fotos)

NO HAY COMENTARIOS

Deja una respuesta