Todos estamos más o menos de acuerdo en que el mercado europeo tiende a ser muy homogéneo. Por qué no decirlo: incluso aburrido. Los compradores castigan a lo diferente. Entendemos que las modas se siguen (de ahí su nombre y que tengamos SUV hasta en la sopa, pero al final el cliente pierde variedad. Y es que dan la espalda a productos que no están mal, como el MINI Clubman.

Hoy en día todos los coches compactos han huido del riesgo. Incluso BMW ya fabrica el Serie 1, el único técnicamente diferente hasta hace un año, con la receta común. Y todos tienen diseños similares, poco arriegados, ya que se trata de un segmento de gran volumen de ventas en las que las marcas no quieren fallar. Pero el MINI Clubman, pese a emplear la misma base del Serie 1 actual, es diferente por fuera, por dentro y en la forma de conducirlo. Lo analizamos en nuestra prueba a fondo y en este vídeo:

Sin ser tan extravagante como la primera generación (el Clubman 2007, actualizado en 2010), mantiene la imagen que tan bien se vende con el MINI 5 puertas (que la gente escoge mucho más que el de 3 puertas). Y en el Clubman contamos con más espacio en las plazas traseras y un maletero razonable (caben cuatro perfectamente y su equipaje, tampoco es tan pequeño).

De acuerdo, es menos práctico que muchos rivales, pero es que en 2019 vendió la mitad que el MINI Cabrio, un coche totalmente de capricho. Y tiene unos acabados buenos. «Pues no vende porque es caro», diréis. Aceptamos que más que un generalista, pero no mucho más que un Audi A3 o un BMW Serie 1, y es más barato que un Mercedes Clase A, por citar modelos premium. Además, conserva el tacto especial de conducción de los MINI, no sólo la imagen. Es menos rabioso que un MINI de 3/5 puertas, pero a la vez más cómodo en viajes.

Quizá su problema esté en casa y se llame MINI Countryman, que puede que haya explotado mejor la faceta práctica y versátil que el Clubman también tiene.

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