El Mercedes-Benz SLK que probamos esta semana es la tercera generación del pequeño roadster germano, un modelo que tuvo su estreno mundial en el año 1996 en el Salón del Automóvil de Turín. Se concibió como un automóvil que pudiera hacer frente, en el momento de su lanzamiento, a una cada vez más numerosa competencia representada principalmente por el BMW Z3 Roadster y también por el Porsche Boxster. Aunque contaba sobre ellos con la ventaja de incluir un techo rígido metálico que, cuando estaba desplegado, asimilaba su silueta a la de un coupé y a la vez mejoraba el aislamiento térmico y acústico cuando se rodaba a alta velocidad o el tiempo no acompañaba.

Mercedes_Benz_SLK_250_CDI_06En el año 2000 fue sometido a una profunda remodelación, pero no fue hasta el año 2004 cuando vio la luz la segunda generación de este modelo, mostrada al público en el Salón del Automóvil de Ginebra, con una estética mucho más moderna y claramente heredada de su hermano mayor el Mercedes-Benz SL. Esta entrega también tuvo su correspondiente actualización en el año 2008 para llegar finalmente a la generación actual, lanzada en los últimos meses de 2011 y que anticiparía buena parte de los rasgos del también renovado SL (lanzado en 2012).

Nos encontramos ante un heredero directo del precioso Mercedes-Benz 190 SL, un roadster que se fabricó entre 1955 y 1962 y que, a su vez, se diseñó para el mercado norteamericano como una opción más asequible del inigualable y mítico 300 SL “alas de gaviota”.

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Curiosamente no ha sido hasta esta tercera generación cuando el fabricante germano se ha decidido a equipar con una motorización diésel a su pequeño convertible. Quizá se trate de una auténtica perversión del concepto para los aficionados más puristas, pero este Mercedes-Benz SLK 250 CDI pretende unir lo mejor de ambos mundos: la deportividad y exclusividad de un descapotable biplaza con la economía de combustible ligada a un propulsor diésel.

Así que, ni cortos ni perezosos en Coches.com, aprovechando la estación más propicia del año para disfrutar de la conducción a cielo abierto, dispusimos de toda una semana para comprobar que había de cierto en todo ello y si los resultados respondían finalmente a las expectativas creadas.

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Pero para ello analizaremos primero uno por uno los aspectos más destacados de este singular modelo:

Exterior

El trabajo de los estilistas de la marca germana ha obtenido los resultados estéticos deseados y la prueba de ello la obtenemos nada más circular a cielo abierto por cualquier calle, avenida o carretera con este SLK, provocando que las cabezas de los viandantes, o de nuestros compañeros de atasco, se giren de inmediato para observarlo más detenidamente. Y ya no digamos si se nos ocurre llevar a cabo la operación de capotado o descapotado del vehículo lo que, por ejemplo, tuvo como consecuencia que un numeroso grupo de turistas japoneses nos sacaran varias centenas de fotos, desde el autobús turístico Madrid City Tour, en un semáforo de la Gran Vía madrileña…

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La línea exterior corresponde a la de todo roadster que se precie, es decir, un largo morro y una posición muy retrasada del habitáculo, situando a la pareja de ocupantes casi encima del tren trasero, un maletero corto, donde guardar el techo escamoteable y unos prominentes voladizos.

Sus rasgos están cargados de fuerza pero sin demasiadas concesiones a frivolidades estilísticas, aunque nuestra unidad de pruebas contaba con el paquete AMG Line (tanto exterior como interior) que le dotaba de unas dosis extra de deportividad que realzaba sus ya de por sí atrayentes líneas.

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La longitud total es de 4,134 metros, con una batalla (distancia entre ejes) de 2,430 metros, un voladizo delantero de 0,870 metros mientras que el trasero es de 0,834 metros. Otro de los rasgos característicos de este tipo de modelos, su reducida altura general, se sigue a pies juntillas en este SLK con apenas 1,301 metros. La anchura se va hasta los 1,810 metros con los espejos laterales plegados (2,006 metros sin plegar).

La parte delantera es casi un calco de la de su hermano mayor, el Mercedes-Benz SL (aunque el SLK vio la luz antes que él) y ambos toman muchos elementos del superdeportivo SLS AMG. Destaca por sus afilados rasgos que se trasladan incluso al diseño de los faros, con el fondo oscurecido, donde se sitúan además las luces de día y los intermitentes compuestos por elementos LED.

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La parrilla frontal cuenta con una abertura de gran tamaño atravesada horizontalmente por una ancha lama cromada que en su centro acoge la conocida estrella de tres puntas, símbolo de la marca germana. La parte inferior incluye el faldón delantero AMG, con una abertura central de menor tamaño y otras, simuladas, en los laterales con nuevos elementos LED incrustados en molduras cromadas.

El fuerte contraste entre las zonas oscurecidas y la refulgente pintura en color Blanco Diamante Bright (opcional por 1.744,15 €) le otorga una apariencia sumamente cautivadora y elegante a la vez.

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La vista lateral es la más característica de este roadster pues al mismo tiempo podremos disfrutar de dos siluetas completamente diferentes en función de si el techo retráctil se encuentra extendido (simulando las líneas de un coupé), o bien recogido en su ubicación en el maletero.

En cualquier caso el largo capó condiciona el diseño del resto del coche al que le confiere un aspecto muy bajo y deportivo, continuando sus líneas en un parabrisas tendido y con sólidos montantes laterales (dadas sus funciones estructurales). El techo retráctil crea una especie de burbuja que envuelve a los ocupantes protegiéndolos de las inclemencias del tiempo y permitiendo que se exprima a fondo el potencial del coche sin encontrar apenas diferencias con un coupé propiamente dicho.

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Gracias a este renovado diseño y a innumerables horas en el túnel de viento se ha conseguido optimizar la aerodinámica hasta conseguir un coeficiente Cx de tan sólo 0,30. Algo que redundará en un notable silencio de marcha e incluso en la ausencia de incómodos rebufos cuando rodemos sin el techo.

Aquí también están presentes los elementos del equipamiento AMG Line gracias al tren de rodaje deportivo, que rebaja en 10 mm la altura del vehículo para mejorar su dinamismo, las llantas de aleación AMG de 5 radios y 18 pulgadas de diámetro con neumáticos Pirelli P-Zero en medidas 225/40 ZR18 92Y en el tren delantero y 245/35 ZR18 92Y en el posterior, un equipo de frenos sobredimensionado con discos perforados, o elementos meramente estéticos como las branquias simuladas integradas en la parte posterior de las aletas delanteras, aparte de unos espejos laterales de considerable tamaño.

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Pero la verdadera razón de ser de este modelo consiste en la posibilidad de descapotarlo en parado, en apenas 20 segundos (lástima no poder hacerlo en marcha, aunque fuera a baja velocidad). Una vez llevado a cabo este proceso la silueta se vuelve todavía más atractiva, destacando la presencia de los arcos de seguridad cromados situados detrás de los asientos, además de una zaga más limpia, al desaparecer esa parte del techo e integrarse con la tapa del maletero.

La zona trasera se muestra ancha y poderosa, sensación remarcada por el resto de elementos del equipamiento AMG Line con el llamativo paragolpes trasero y los grupos ópticos oscurecidos, compuestos por elementos LED. El faldón trasero simula un difusor e integra a ambos lados las salidas de escape, que ofrecen un sonido algo más bronco que en el modelo estándar.

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En esta vista es donde lucen en todo su esplendor los arcos de seguridad y entre ambos podremos situar un paravientos extraíble (que se puede ocultar en el maletero) para evitar los molestos rebufos cuando circulemos a alta velocidad, no obstante como opción están disponibles unos paravientos, denominados Airguide, formados por dos pequeñas piezas transparentes que pueden bascularse casi sin esfuerzo entre los reposacabezas de los asientos, sin necesidad de detenerse.

Es en la zaga donde tendremos el único indicio de cuál es el tipo de motorización empleada por este roadster, aunque para aquellos que así lo deseen pueden pedirlo sin las siglas que lo identifican.

Interior

El habitáculo de este Mercedes-Benz SLK, a pesar de lo que pudiera parecer en un principio, es suficientemente amplio y acogedor, eso sí, sólo para dos ocupantes. Para acceder al interior hay que abrir una puerta de considerable tamaño, aunque de accionamiento suave y preciso, y tirarse sobre unos asientos situados muy cerca del suelo, condición sine qua non para poder ostentar el calificativo de roadster.

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Si además tenemos el techo cerrado, será necesario ladear ligeramente la cabeza para evitar golpeárnosla contra el borde lateral. Pero hasta aquí nada que nos sorprenda ¿verdad? Si, en cambio, el techo está recogido, la labor se tornará más sencilla, disponiendo de suficiente espacio libre.

La salida, para según qué personas, puede resultar algo más complicada por los escorzos a realizar, para el resto no plantea ningún problema siempre y cuando al aparcar en batería, seamos conscientes de dejar el necesario hueco lateral para poder abrir las puertas.

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El parabrisas, pese a su considerable inclinación, y a estar especialmente reforzado para minimizar las consecuencias de un accidente en el que se produzca un vuelco, no invade el espacio de los ocupantes, creando esa sensación claustrofóbica que si hemos vivido en otros modelos.

Los asientos deportivos nos han gustado mucho (y eso que, por ejemplo, carecían de reglajes eléctricos), pues aparte de estar forrados en napa de excelente calidad, en color negro, cuentan con unas formas que recogen el cuerpo a la perfección en conducción deportiva y, al mismo tiempo, son cómodos a la hora de realizar los largos viajes que la buena autonomía de este modelo admite. Cuentan con el sistema Airscarf de calefacción en los reposacabezas integrados, lo que permite circular descapotados incluso en los fríos días de invierno.

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Tampoco podemos pasar por alto las llamativas costuras en rojo, propias del paquete AMG Line, que también apreciamos en los apoyabrazos de las puertas y de la consola central o en el fuelle de la palanca de cambios, completándose con unos cinturones de seguridad a juego.

La postura de conducción es propia de un deportivo, sentados muy abajo como ya hemos recalcado, y con las piernas estiradas, de forma que nos sentimos inmediatamente integrados en su interior, incluso para aquellas tallas en torno a los 1,90 metros de altura, que no tocarán con la cabeza en el techo.

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Las manos caen inmediatamente sobre un volante deportivo multifunción muy vertical, de atractivo diseño y formas agradables, forrado en cuero perforado, desde el que se gobiernan la mayor parte de sistemas del coche. También cuenta, detrás del mismo, con las levas para accionar manualmente el cambio 7G-Tronic Plus, mientras que a través del hueco superior podemos ver el cuadro de instrumentos, de aspecto muy deportivo por formas y grafías, presidido por las dos grandes esferas del velocímetro y cuentakilómetros, con otros dos relojes más pequeños correspondientes a la temperatura del líquido refrigerante y al nivel de combustible.

Justo en medio encontramos una pantalla multifunción en color, totalmente configurable, que nos muestra la información relativa a kilómetros recorridos (totales y parciales), consumos medios e instantáneos, al mismo tiempo que podremos vislumbrar las indicaciones del navegador, dispositivos de audio, las advertencias del sistema, y un sinfín de funciones adicionales.

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El salpicadero no recurre a grandes alardes de diseño, estando forrado en plástico negro acolchado evitando molestos reflejos en el parabrisas y, a la vez, sirviendo de protección para permitir una mejor visibilidad del cuadro de instrumentos o de la pantalla del sistema multimedia. Ésta se encuentra flanqueada por los pulcros y fácilmente regulables aireadores (ya vistos en otros modelos de la marca), aunque en esta ocasión elaborados en aluminio, en vez de plástico. Otros dos aireadores adicionales se sitúan en los extremos del salpicadero.

La pantalla, de 7 pulgadas, forma parte del sistema multimedia Comand Online (opcional) y en ella podremos visualizar, con un curioso aire retro el dial de la radio, así como el resto de dispositivos de audio conectados (DVD, CD, MP3, radio digital, Bluetooth), navegador, teléfono móvil, etc. También es posible acceder a Internet y a diversos servicios móviles de la propia Mercedes-Benz, todo ello sin necesidad de apartar la vista de la carretera gracias a los controles del volante multifunción, al mando de la consola central o a través de comandos hablados (Linguatronic).

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La consola central está realizada en aluminio cepillado y concentra una gran cantidad de mandos de los mecanismos auxiliares del vehículo, entre los que encontramos los de selección del equipo de audio, teléfono, navegador o configuración del sistema, aparte de los que controlan los asientos calefactados, el Airscarf, la desactivación del ESP, los intermitentes de emergencia, el modo ECO o la anulación de los sensores de aparcamiento.

En la parte baja se sitúan los controles del eficaz sistema de climatización automática Thermotronic, que no sólo permite alcanzar la temperatura ideal en escaso tiempo, sino que ha sido especialmente concebido para proporcionar una agradable temperatura a los ocupantes (regulable de manera individual) incluso en pleno invierno, circulando con el techo abierto, en combinación con el ingenioso Airscarf de calefacción en los reposacabezas de los asientos.

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A continuación observamos un prominente túnel de transmisión, que delimita perfectamente ambas plazas, y donde nos topamos con la palanca de la caja de cambios automática 7G-Tronic Plus, con el pomo forrado en piel y el guarnecido realizado en napa, además de la ruleta que gestiona el sistema multimedia Comand Online, o una pequeña guantera provista de una cubierta deslizante.

Finalmente localizamos el mando quizá más importante de este vehículo, escondido debajo de una tapa basculante, casi como un mecanismo lanza-cohetes propio de una película de James Bond, se encuentra el interruptor que permite esconder o desplegar el techo retráctil metálico de su ubicación en el maletero, transformando radicalmente la apariencia del SLK en menos de 20 segundos.

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El techo retráctil panorámico con cristal tintado dota de gran luminosidad al habitáculo. Lamentablemente nuestra unidad no contaba con el sistema Magic Sky Control que permite variar la transparencia del cristal y protegernos de los rayos del sol cuando éstos inciden con fuerza sobre el vehículo o bien disponer de un habitáculo más luminoso cuando la claridad ambiental se reduce.

Son destacables los excelentes ajustes y la calidad de todos los elementos, ya que no pudimos percibir ningún crujido ni ruidos parásitos, a pesar de la siempre más complicada rigidez torsional de los modelos que no cuentan con un techo unido de manera firme al resto de la carrocería.

Maletero

Evidentemente nadie se compra un vehículo de este tipo por su capacidad de transporte. Si tomamos este hecho como premisa no nos sentiremos defraudados con los apenas 335 litros disponibles en el Mercedes-Benz SLK, que se verán reducidos a tan sólo 225 litros cuando circulemos a cielo descubierto y se guarde el techo metálico en el interior de este espacio.

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Dadas las indudables cualidades ruteras de este pequeño roadster y su excelente autonomía siempre desearemos algo más de sitio a la hora de planificar un viaje pero, a pesar de todo, en su configuración más reducida tendremos espacio suficiente para llevar 2 maletas de cabina y alguna bolsa adicional, además de lo que podamos colocar en los recovecos existentes en el maletero, eso sí, sin sobrepasar nunca la altura establecida por una tapa que nos marcará el límite para poder descapotar el vehículo. La otra opción es aprovechar al máximo el maletero, a costa de no replegar el techo…

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Justo debajo del fondo del maletero, al levantar una tapa, encontraremos una rueda de repuesto de uso temporal, además del correspondiente compresor para poder hincharla, y que nos permita rodar a velocidades moderadas hasta el taller donde nos repararán el neumático dañado.

En todo caso, y como recurso adicional, siempre podremos optar por almacenar los pequeños objetos que deseemos tener más a mano en la parte baja de las puertas, donde existen unas estrechas bolsas flexibles realizadas en cuero, o en otras situadas en la parte posterior de los asientos, ya que hay que tener en cuenta que no existe una compuerta que comunique el maletero con el habitáculo….

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También podéis contar con el hueco bajo el apoyabrazos central y con la guantera del salpicadero, de un volumen aceptable, que dispone de cerradura para salvaguardar los objetos de valor que dejemos en el interior, mientras el techo esté replegado.

Si necesitáis trasladar más equipaje nuestra recomendación personal es que hagáis uso de una empresa de transportes…

Tal y como vimos en la primera parte de nuestra prueba a fondo, el Mercedes-Benz SLK 250 CDI es todo un roadster al más puro estilo tanto por diseño, habitabilidad o capacidad de maletero ¿responderá igualmente a dicho concepto cuando analicemos su equipamiento, motorización o comportamiento?

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Equipamiento

Como es lógico en un vehículo Premium, perteneciente a la marca de la estrella, el Mercedes-Benz SLK 250 CDI dispone ya de serie de un buen nivel de equipamiento, a lo que hay que sumar la ingente cantidad de opciones disponibles, por lo que podremos, siempre que nuestra cuenta corriente esté lo suficientemente saneada, configurarnos un roadster de verdadero capricho… Todo ello sin menospreciar los dispositivos de seguridad activa y de asistencia a la conducción, de última generación, con los que está dotado este modelo.

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Es posible adquirir un Mercedes-Benz SLK desde 44.250 € (la versión SLK 200 Roadster con motor de gasolina de 4 cilindros y 1.796 centímetros cúbicos, que entrega una potencia de 184 CV). El modelo que probamos esta semana parte desde los 47.550 €, e incluye ya entre su dotación de serie elementos tales como:

  • Retrovisores exteriores abatibles eléctricamente y calefactados
  • Retrovisores interior y exterior con dispositivo antideslumbrante automático
  • Equipo de escape de doble flujo con embellecedores cromados
  • Pedales deportivos en acero inoxidable pulido con tacos de goma
  • Pilotos traseros LED
  • Listones de umbral con distintivo Mercedes-Benz
  • Desbloqueo a distancia de la tapa del maletero
  • Luneta trasera calefactable con mando por temporizador
  • Techo solar panorámico tintado

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  • Detector automático de asiento infantil
  • Paravientos con marco encajable
  • Guantera con cerradura
  • Lámparas de lectura que evitan el deslumbramiento del conductor
  • Alfombrillas de velours en color equipamiento interior con distintivo AMG
  • Rueda de repuesto plegable
  • Tren de rodaje deportivo
  • Frenos Adaptive Brake con función Hold, ayuda de arranque en pendientes y función frenos secos
  • Airbag conductor y acompañante
  • Airbags laterales de cabeza (integrados en las puertas)
  • Sistema de mantenimiento activo Assyst
  • Luz de freno adaptativa intermitente
  • Sistema de control de tracción (ASR)

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  • Programa electrónico de estabilidad (ESP) de 3 niveles
  • Protección para peatones
  • Servofreno de emergencia (BAS)
  • Cierre centralizado con interruptor interior, bloqueo automático y sensor de impacto
  • Attention Assist
  • Luces diurnas LED
  • Sistema antibloqueo de frenos (ABS)
  • Sistema de control de la presión de los neumáticos
  • Detector de carril con aviso por vibración
  • Control del ángulo muerto
  • Freno de estacionamiento eléctrico
  • Tempomat
  • Función de parada y arranque ECO
  • Distronic Plus con BAS Plus y freno Pre-Safe
  • Volante multifunción deportivo de 3 radios en cuero napa con sección inferior plana

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Pero la unidad cedida por Mercedes-Benz para esta prueba contaba además con una ingente (y cara) cantidad de equipamiento adicional:

  • Paquete de protección antirrobo —– 623,72 €
  • Paquete de asistencia a la conducción plus —– 2.740,09 €
  • Línea AMG Line —– 3.488,30 €
  • Pintura en color Designo Blanco Diamante Bright —– 1.744,15 €
  • Tapicería en cuero napa negro con costuras en rojo —– 2.191,82 €
  • Limpiaparabrisas con sensor de lluvia —– 155,93 €
  • Calefacción integrada en el reposacabezas Airscarf —– 580,97 €
  • Paquete de luces para el habitáculo —– 226,35 €
  • Climatizador automático de confort Thermotronic —– 978,34 €

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  • Calefacción eléctrica asientos —– 453,96 €
  • Interfaz universal en reposabrazos central para equipos móviles de audio —– 326,95 €
  • Comand Online con disco duro de navegación y Linguatronic —- 3.634,18 €
  • Arcos de protección con molduras de aluminio —– 344,56 €
  • Pre-Safe —– 469,05 €
  • Faros bixenón inteligentes (ILS) —– 1.546,73 €
  • Mando a distancia para el techo variable —– 169,76 €
  • Luces de carretera automáticas —– 139,58 €
  • Cambio automático de 7 marchas 7G-Tronic Plus —– 2.888,48 €
  • Dirección paramétrica más directa —– 382,28 €

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Lo que, si echamos cuentas, implica que al precio base hemos de añadir nada menos que 23.085,20 € en opciones, por lo que el montante final asciende hasta los 70.635,20 €. Una cifra muy alta, pero no debemos olvidar que se trata de un vehículo de auténtico capricho, y como tal ha de pagarse…

No obstante si se quiere ir un paso más allá, es posible solicitar el nivel de personalización “designo”, del AMG Performance Studio, con tonalidades exclusivas o interiores a medida para configurar un vehículo sin igual.

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En cualquier caso, y como siempre te recomendamos en esta sección, puedes recurrir al buscador de Coches.com para encontrar la mejor oferta del Mercedes-Benz SLK 250 CDI, así como el seguro que más se adapte a tus necesidades.

Motorización

Aquí llegamos a la más importante singularidad de esta versión: su propulsor. Y es que no resulta nada habitual la presencia de una motorización diésel en un modelo de este tipo. De hecho entre las marcas Premium sólo contaría con un rival, el Audi TT Roadster 2.0 TDI quattro, aunque con un nivel de potencia algo inferior (170 CV), si bien está dotado de la efectiva tracción total de la firma de los cuatro aros. Por su parte el otro gran rival alemán, el BMW Z4 Roadster, no dispone de motorización diésel. Por lo tanto estamos ante un caso prácticamente único dentro del mercado actual.

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Centrándonos ya en el modelo que nos ocupa, diremos que dentro del amplio vano motor se acomoda un propulsor diésel de 4 cilindros en línea, con una cilindrada de 2.143 centímetros cúbicos, dotado de inyección common-rail de alta presión (hasta 2.000 bares) y sobrealimentado mediante doble turbocompresor para alcanzar 204 CV de potencia a 3.800 rpm y, lo más destacable, un par motor máximo de nada menos que 500 Nm entre 1.600 y 1.800 rpm (casi al nivel del espectacular SLK 55 AMG, que dispone de 540 Nm a 4.500 rpm, provenientes de un V8 de 5.461 centímetros cúbicos con 421 CV de potencia).

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Pero lo que en un principio pudiera parecer un contrasentido, por la utilización de este tipo de mecánica, no tiene su reflejo en las prestaciones, que son de auténtico deportivo, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos, o una velocidad máxima de 243 km/h (mediciones referidas a la versión dotada de cambio automático). Y, como ya veremos en el siguiente apartado, le convierten en un vehículo tremendamente divertido.

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En lo que este modelo resulta absolutamente imbatible es en el apartado de consumos, impensables para sus homólogos de gasolina, dentro de la propia marca o de la competencia. Si bien, como siempre insistimos, las cifras facilitadas por los fabricantes son inferiores a las obtenidas en condiciones reales, aunque no por ello dejan de ser destacables, con un consumo homologado en ciudad de 6,2 l/100 km, de 4,3 l/100 km en carretera y de 5,0 l/100 km en ciclo mixto. Todo ello con unas emisiones de CO2 de 132 g/km.

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En nuestras mediciones, tras más de 1.200 km realizados por todo tipo de trazados, obtuvimos un consumo en ciudad de 7,3 l/100 km, en recorrido por carretera y autovía de 5,6 l/100 km y como consumo medio una cifra de 6,3 l/100 km. Esto significa que, con una capacidad de depósito de 60 litros, podríamos llegar a recorrer hasta 950 kilómetros sin detenernos.

Comportamiento

Los modelos convertibles tienen su principal razón de existencia en el disfrute de conducción, añadiendo ese plus de hacerlo con el cielo como único techo, y este Mercedes-Benz SLK 250 CDI no iba a ser una excepción.

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Desde los primeros metros, una vez atravesamos la puerta del garaje, nos acompañará una permanente sonrisa. Y es que, como decíamos al principio de esta prueba, no sólo resulta especialmente adictivo una vez nos situamos tras el volante, sino que se trata también de un modelo para “ser vistos”. Y, en ciudad, eso será una constante, tanto si circulamos con la capota puesta como con ella recogida. Por tanto no nos encontramos ante un vehículo especialmente indicado para aquellos que quieran pasar desapercibidos…

Podemos realizar la operación de capotado/descapotado con tan sólo pulsar un botón, en apenas 20 segundos, (toda una proeza de la tecnología alemana, dada la gran cantidad de piezas, motores y servomecanismos que entran en juego…), pero los cuadriculados ingenieros teutones han optado por la seguridad, y ésta espectacular acción, digna de Optimus Prime, sólo puede llevarse a cabo con el vehículo parado. Una verdadera lástima.

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En ciudad no es un vehículo incómodo, incluso con el kit AMG Line, que rebaja en 10 mm la altura de la carrocería y le dota de suspensiones algo más rígidas. No tendremos pues problemas a la hora de abordar los guardias tumbados, siempre que lo hagamos a la velocidad adecuada.

El motor tampoco resulta especialmente ruidoso, ni su sonido diésel llamativo, sobre todo una vez alcanza la temperatura idónea de trabajo. Incluso en cuanto hacemos un uso más intensivo del acelerador emana de los escapes un bramido más “rudo” de lo esperado, aunque no puede ocultar totalmente su origen. Ésta sería nuestra única pega al respecto, porque por inmediatez de respuesta y capacidad de aceleración es una auténtica delicia, acompañado siempre por el suave cambio de marchas automático 7G-Tronic Plus, que en estas circunstancias nos permitirá (siempre que seamos comedidos) mantener los consumos a raya ayudado, eso sí, por el eficaz sistema Stop&Start.

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La maniobrabilidad en ciudad es destacable, tanto para desenvolvernos en el atasco diario como a la hora de estacionar. La visibilidad hacia delante y los lados no presenta mayor problema, en cambio, la trasera se ve notablemente reducida con el techo puesto (no ocurre lo mismo, claro está, cuando circulamos descapotados). También deberemos tener cuidado con los otros vehículos, pues dada la escasa altura de este modelo puede ser que en determinadas circunstancias no nos vean tan fácilmente como creemos.

Una vez que abandonamos la ciudad y transitamos por autovías o autopistas, nos daremos cuenta de forma inmediata del excelente trabajo aerodinámico llevado a cabo, tanto por la ausencia de molestos rebufos, circulando a techo descubierto, como por una sonoridad muy aquilatada.

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Hasta unos 100 km/h se puede rodar con el techo recogido sin ningún tipo de molestia. A partir de esa velocidad si subimos las ventanillas laterales y, sobre todo, utilizamos el paravientos disponible, situado entre ambos arcos de seguridad, tras los asientos, podremos mantener cruceros legales (y más allá) sin excesivas molestias. Si optamos por circular con el techo cerrado disfrutaremos de un nivel sonoro similar al de cualquier coupé o berlina Premium de la marca germana, con lo que los largos viajes se convertirán en una auténtica delicia.

En carreteras de montaña es donde este roadster se siente verdaderamente a gusto. Se convierte en un auténtico placer el poder circular en estas tardes de verano entre pinos o abetos, sin techo, con el aire inundándonos con el olor de la naturaleza y enlazando curva tras curva durante muchos kilómetros, dejando que el cambio automático se encargue de subir y bajar marchas de manera casi imperceptible y que los increíbles bajos de su propulsor nos permitan recorrer en un santiamén los escasos tramos rectos del recorrido.

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No nos apetecerá conectar el excelente equipo de audio con el que este SLK está dotado para que el disfrute sea máximo. Una experiencia que debieras vivir alguna vez en tu vida… Y si ya la has vivido, sabrás de lo que te estamos hablando.

Pero este atractivo Mercedes tiene también otra cara, que sale a relucir cuando dejamos a un lado la conducción placentera y decidimos divertirnos un poco en nuestro tramo de curvas favorito. Bastará con presionar un botón colocado junto a la palanca de cambios para seleccionar entre los diferentes modos de conducción disponibles: Economy (E), Sport (S) o Manual (M) y utilizar las levas del cambio localizadas detrás del volante.

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El cambio automático 7G-Tronic Plus sigue funcionando muy bien, pero en conducción muy deportiva deja algo que desear, y es que a fin de cuentas no puede ocultar que se trata de una caja de convertidor de par (aunque de última generación). Si quisiéramos un comportamiento más racing debería ser posible montar el cambio AMG Speedshift Plus 7G-Tronic de doble embrague, que tanto nos gustó en nuestra toma de contacto con el Mercedes-Benz Clase A 45 AMG, pero lamentablemente sólo está disponible para el SLK 55 AMG.

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El chasis, las suspensiones y los frenos sobredimensionados rayan a gran altura, permitiéndonos mantener ritmos muy altos, mucho más de lo aconsejable en vías abiertas al tráfico, con pequeños pero controlados deslizamientos de la zaga a la salida de las curvas más cerradas, gracias al considerable par motor aplicado en exclusiva sobre el tren trasero, aunque enseguida las ayudas electrónicas se encargarán de cortar todo exceso.

Si decidimos desconectar el ESP (aunque no lo hace del todo y se mantiene en estado latente) entonces gozaremos de un poco más de libertad para ejercitar nuestras dotes como volantistas. Algo más crítico se muestra si el pavimento está mojado, pero entonces la prudencia deberá prevalecer y tendremos que dejar el divertimento para entornos más seguros, como un circuito.

Veredicto de Coches.com

Este pequeño roadster aúna perfectamente elementos tan, en principio, contrapuestos como el disfrute a cielo descubierto, con destacadas dosis de deportividad, y una economía de combustible inédita entre los modelos de la competencia.

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Si lo tuyo son los deportivos de la marca de la estrella, eres un fanático de las prestaciones puras y de los descapotables biplaza movidos por gasolina, entonces tendrás que estar dispuesto a rascarte el bolsillo (aún más) para acceder a un ejemplar como el Mercedes-Benz SLK 55 AMG, con 421 CV (a partir de 86.000 €), el Mercedes-Benz SL 63 AMG, con 585 CV (a partir de 189.600 €), aunque nada es comparable al especialísimo (y exclusivo) Mercedes-Benz SLS AMG Roadster, con sus 591 CV provenientes de un descomunal V8 de 6.208 centímetros cúbicos (a partir de 254.200 €).

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De todas formas si tu cuenta corriente está tan saneada como para poder gastarte más de 70.000 euros en un roadster como la unidad probada, tampoco serás de los que miren mucho cuál es el precio de la gasolina a la hora de llenar el depósito y, por tanto, quizá prefieras sacrificar la economía de combustible en aras de un mayor disfrute al volante.

No obstante como este tipo de vehículos no responden nunca a una compra racional y si te gusta hacer largas tiradas, solo o en pareja, disfrutando al aire libre y no vas siempre a saco (que no quiere decir precisamente despacio…), puede ser una opción a tener en cuenta.

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A nivel personal, tan buena impresión me ha causado este Mercedes-Benz SLK 250 CDI que sería un modelo ideal para realizar un viaje de vacaciones sin prisa, en pareja, con el equipaje de ambos, que nos llevara a alcanzar, con poco más de un par de depósitos de carburante, un destino tan fabuloso en esta época del año como los Alpes italianos, en su límite con las fronteras austriaca y suiza. Increíble sería recorrer a sus mandos cientos de carreteras de curvas con el cielo como único testigo, entre ellas las del mítico Paso del Stelvio con sus 48 “tornanti”. ¿Qué os parece la idea?

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