Empresas como BMW o Volkswagen ya prueban coches con piloto automático. En 2010 Volkswagen envió un Audi TTS sin conductor a Pike’s Peak (EE.UU.) a velocidades de carrera. Al igual que los vehículos de Google, combinan GPS, radar, láseres, sensores ultrasónicos y cámaras ópticas para crear un modelo de 360 grados del entorno que rodea al vehículo en permanente actualización, y éste a su vez usa un ordenador de a bordo para navegar.

Pero los fabricantes de coches europeos afirman que su estrategia es moverse hacia mayores niveles de autonomía gradualmente, dependiendo de lo que se venda bien en los concesionarios: nuevas tecnologías de seguridad y de confort que empiecen a servir de ‘copilotos’, automatizando tareas tediosas o “difíciles”, como el aparcamiento en línea.

Para ellos,  la tecnología “sin conductor” requerirá un conductor en el primer momento. Se irá introduciendo en la vida diaria de forma similar como los airbags: primero como una opción cara en los vehículos de lujo para acabar siendo uun elemento de seguridad exigido por ley.

Los compradores de coches europeos de lujo ya pueden escoger entre un gran abanico de opciones.  BMW ofrece un paquete de conducción asistida que incluye un radar para detectar a los vehículos que estén en el punto ciego del coche. También es opcional la visión nocturna, que usa una cámara de infrarrojos delantera para detectar a las personas en la carretera.

Los láseres, las cámaras y otros sensores son la parte más cara de los sistemas de conducción autónoma. Algunos coches autónomos experimentales llevan cámaras y equipos que valen más de 155.000 euros (incluso este de China que adelantó a 67 coches en un viaje). Estos costes también empujan a los fabricantes hacia un enfoque gradual que empieza por las tecnologías de sensores y luego amplía capacidades al control de las tareas de conducción. Como las ayudas que Mercedes implementa para volver el coche al carril. O los frenos automáticos o el control de velocidad inteligente, que disminuye la velocidad automáticamente en autovía si disminuye la velocidad del tráfico. De hecho, BMW quiere incluir algo así en su futuro Serie i3 eléctrico. Un sistema de control en atascos permitirá al coche acelerar, decelerar y guiarse solo a menos de 40 km/h, siempre que el conductor tenga una mano sobre el volante.

No se trata solo de poder hacer otras cosas mientras se conduce. Volvo asegura que su proyecto SARTRE de trenes de carretera podría reducir el consumo de combustible en un 15% (los coches frenarían menos y el viento se cortaría para mejorar la resistencia aerodinámica del siguiente en la fila). La automatización también podría eliminar muchos accidentes provocados por un fallo humano (el 80% de las colisiones).

Este mercado de tecnologías de conducción asistida avanzada movió unos 7.700 millones de euros el año pasado, según ABI Research, pero se espera que en 2016 alcance los 100.000 millones de euros). ¿Problemas? Requerirá cambios en la legislación. En muchos países, las leyes requieren que haya un ser humano controlando los vehículos motorizados ¿Y serían entonces  los fabricantes responsables? Además, tal y como indica Sven Beiker, director del Centro para Investigación en Automoción de la Universidad de Stanford (EE.UU.), asegura que estos coches tendrán problemas de prensa: “Desgraciadamente, en la actualidad se producen unas 33.000 muertes anuales en accidentes en carretera en Estados Unidos. Ahora imagina que pudiéramos reducir esa cifra a 10.000 gracias a los vehículos automatizados. Un gran éxito, pero… ¿cuál sería el titular: “Los vehículos automáticos salvan 23.000 vidas” o “Los coches robot matan a 10.000 personas”?.

Vía: MIT

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