
Se estima que se fabricarán 1,5 millones de coches chinos en Europa para 2035: lo que preocupa a la industria
La ofensiva de los fabricantes chinos es un hecho muy presente en el mercado automotriz europeo, pero la cosa no se queda ahí. También están cambiando el curso de la industria, que está asistiendo a una transformación inaudita. La producción de coches ha sido tradicionalmente una de las actividades fuertes en Europa, pero ahora estamos viendo como las marcas orientales vienen a ensamblar directamente aquí por motivos evidentes. Ahora las estimaciones comienzan a ser preocupantes.
Este año apenas se montarán 90.000 coches chinos en nuestro continente, pero ya se habla de alcanzar el millón de unidades para 2030 y de poder estar haciendo 1,5 millones de unidades anuales para 2035. Es una auténtica barbaridad, pero es plausible teniendo el cuenta el ritmo que llevan de abrir nuevas fábricas o utilizar otras ya existentes que estaban infrautilizadas. De hecho, España está siendo uno de los protagonistas en esta llegada de empresas chinas que buscan esa «producción» local para evitar aranceles.

Modelos de Chery, entre los que están Ebro, Omoda y Jaecoo; ya salen de la Zona Franca de Barcelona. Leapmotor ensamblará sus eléctricos en las plantas de Stellantis de Zaragoza y Madrid, Geely colaborará en las instalaciones valencianas de Ford y SAIC (MG) ya ha confirmado que su planta gallega funcionará para 2028. Por no hablar de otros pequeños fabricantes como Santana en Linares (Jaén) o del interés ya mostrado en otros como Changan. Incluso BYD se plantea nuestro país como lugar para poner otra fábrica europea.
Todo apuntaría a que hay un buen posicionamiento para seguir creciendo a nivel industrial, pero el problema es cómo se fabricarán estos coches. Ya hemos hablado de las técnicas de ensamblaje CKD y SKD, que son las más presentes cuando marcas chinas desembarcan en Europa. El miedo es que se conviertan en meros centros de ensamblaje, con todos los componentes clave importados desde el gigante asiático y sin apenas protagonismo local. En ese caso, el valor económico añadido es mínimo y la industria auxiliar queda completamente marginada.

Para tratar de evitar este escenario, los legisladores europeos están desarrollando el «Industrial Accelerator Act«. Esta futura normativa impondrá cuotas estrictas de componentes locales para que un coche pueda recibir oficialmente la etiqueta de producto europeo. Esto obligará a marcas fuertemente verticalizadas, como puede ser BYD, a recurrir a proveedores del continente e incluso a fabricar sus baterías aquí.
En España, el Plan Auto+ ya contempla la producción europea y que componentes importantes, como la batería, sean de origen local para conseguir el máximo de las ayudas. Ahora, los fabricantes chinos deberán evaluar si sus inversiones siguen siendo rentables bajo las nuevas y exigentes reglas europeas.
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