Japón ha dado muchas alegrías (y las sigue dando) al mundo del motor. Cuando hicimos un repaso por sus 10 mejores coches de todos los tiempos encontramos algunos mitos con un legado asombroso. Por no hablar de su espectacular cultura automovilística que es la envidia de muchos países. En este contexto es fácil hacer buenos automóviles que, en algunos casos solamente se pueden comprar en el mercado local.

Hay modelos que, por unas cosas o por otras, no han llegado a nuestro continente o lo han hecho de forma muy limitada. Por eso es comprensible que haya muchos seguidores que estén interesados en importar coches japoneses a su país natal. A continuación os dejamos con 5 ejemplares que deberían ser considerados por su carisma, rendimiento, exclusividad o por una mezcla de todas. Sobra decir que dejamos fuera a algunos ‘imposibles’ (como el Toyota 2000GT o el Datsun 240Z) y también sabemos que nos faltan algunos que deberían ser tenidos en cuenta (los dejaremos para la siguiente).

Nissan Skyline GT-R R34

Todos estamos de acuerdo en que la saga de películas de Fast & Furious ayudó a que algunos coches japoneses alcanzaran la fama. Y si hay uno que fuera alabado por los aficionados ese es el Nissan Skyline GT-R R34, el que conducía Paul Walker (Brian O’Conner en las películas). Esa conocida denominación comenzaba en los 70 y en 1989 eran adoptadas por el R32, el antecesor de este modelo, que también merecería un hueco en esta lista.

El Skyline GT-R R34 llegó en 1999 y se valía de todo el bagaje de la marca en competición. Volvía a montar el mítico bloque RB26DETT, un seis cilindros en línea biturbo de 2.6 litros que era capaz de desarrollar potencias desmesuradas después de algunas modificaciones. Además tenía una tracción total muy adelantada para la época. Las unidades más valoradas de este ejemplar (y por lo tanto las más difíciles de encontrar) son las ediciones V-Spec o la Nür.

Subaru Impreza STi

La primera generación del Subaru Impreza llegaba allá por 1992. La marca japonesa creaba un modelo compacto con distintos tipos de carrocería (coupé, sedán y familiar) y al poco se dieron cuenta de que tenían una base muy aprovechable. Así nacía el Subaru Impreza STi en 1994, con las siglas de Subaru Tecnica International en un modelo de producción, marcando el comienzo de una leyenda. Desde el principio tuvo dos elementos destacados que siguen presentes en la filosofía de la marca.

El motor bóxer de cuatro cilindros es ya una institución en Subaru, al igual que la tracción integral que llevaba este modelo de serie. La primera generación destacaba por su reducido peso de apenas 1.240 kg y una potencia superior a los 200 CV. Se fueron sucediendo las generaciones con bastantes modificaciones estéticas y hasta llegar a los 300 CV del actual WRX STi. La competición le ayudó a ganar popularidad y hoy en día valoran al alza algunas ediciones especiales derivadas de los rallyes, como el 22B

Mitsubishi Lancer Evolution VI

Una historia paralela es la vivida por el Mitsubishi Lancer Evolution. Al igual que con el Impreza, la marca de los rombos encontró en el Lancer una base perfecta para competición. También con motor de cuatro cilindros y tracción a las cuatro ruedas, debutó en 1992 y fue evolucionando poco a poco, pero manteniéndose fiel a la filosofía de la marca. Una de las grandes novedades fue el Active Yaw Control (repartía el par entre las ruedas) montado desde el Evo IV.

Lo cierto es que para gustos los colores, pero en términos de importación siempre están mejor valoradas las generaciones intermedias que las primeras y las últimas. De los últimos Lancer Evolution (VIII, IX y X) se dice que pierden la personalidad y el carácter de los anteriores. Ahora que ya no se vende es buen momento para apostar por él, eso ha quedado más que demostrado viendo los precios que alcanzar los Mitsubishi Lancer Evolution VI Tommi Mäkinen.

Honda Integra Type R

El Honda Integra se trató de un sedán japonés de tracción delantera que conseguía buenos niveles de venta. Se les ocurrió hacer una variante deportiva que poco tenía que ver con rivales como los anteriormente vistos, pero que triunfó casi de forma inesperada. El Honda Integra Type R apareció en 1995 y utilizaba como base la tercera generación del modelo (DC2). Su propósito también era el de conseguir la homologación en competición FIA.

De hecho, todavía se dice que Honda perdía dinero con cada ejemplar. Sin embargo, al poco tiempo se le empezó a considerar como uno de los mejores modelos con tracción delantera de la época. Lo lograba gracias al motor 1.8 VTEC de cuatro cilindros potenciado hasta los 200 CV y ligado a un cambio manual de cinco velocidades. El original es el mejor valorado en la actualidad, pues en 1998 llegó una actualización que también llegó a Europa y más tarde un DC5 Type R que perdían personalidad.

Mazda RX-7

El Mazda RX-7 fue un modelo deportivo desde su origen hasta su final. Estuvo en producción desde 1978 hasta 2002 (se está celebrando su 40 aniversario) y a lo largo de las distintas generaciones destacó por su carrocería coupé, con motor en posición delantera y propulsión trasera. Y, sin duda, el elemento más característico del modelo y el que alimenta la leyenda, es el motor rotativo Wankel que llevaba.

Lo convertía en un sucesor espiritual del mítico Mazda Cosmo Sport 110S y, con el paso del tiempo, en el deportivo más vendido con dicha mecánica. El motor rotativo fue cambiando, durante la historia del modelo tuvo dos o tres rotores y tanto en configuración atmosférica como turboalimentada (las últimas versiones Type R alcanzaban los 280 CV). Para quien quiera importarlo, es recomendable tener algunos conocimientos de dicha mecánica. El Mazda RX-8 fue algo así como un sucesor y ya se habla de un futuro modelo con motor rotativo.

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