El paso de los fabricantes para conseguir bajar en sus gamas de los 95 g/km antes de 2021 (so pena de enfrentarse a multas millonarias) parecen ser los híbridos enchufables. Y especialmente interesante en este sentido de bajar emisiones es la apuesta de Daimler, ya que en esta ayuda eléctrica a la propulsión emplea el gasoil… pero no únicamente.

Esta hibridación llegó al Mercedes E 300 de y luego al Mercedes C 300 de. Ambos sedanes cuentan también con una variante híbrida de gasolina (los E 300 e y C 300 e) y todos ellos se ofrecen con carrocería familiar, que nos parece más interesante ya que las baterías restan un espacio precioso en el maletero. Si ya probamos el E 300 de Estate, ahora toca hablar del Mercedes C 300 de Estate.

Como el resto de variantes híbridas enchufables de la marca, combina un motor diésel de 2 litros con 194 CV de potencia y 400 Nm de par (el OM 654 de la nueva generación de mecánicas) con un motor eléctrico de 90 kW (122 CV). La potencia combinada del sistema, asociado a una transmisión automática 9G-Tronic de nueve velocidades, es de 306 CV, con un par motor máximo de 700 Nm, desde apenas 1.400 rpm, que se envía a las ruedas traseras (no se contempla por ahora la tracción total 4Matic).

El motor eléctrico se alimenta de una batería de ión de litio con 13,5 kWh de capacidad, con el que es capaz de recorrer  con la que puede recorrer en modo totalmente eléctrico hasta 56 km, a velocidades de hasta 130 km/h (se reduce 1 km la autonomía respecto del sedán). Dispone de un cargador instalado a bordo, de 7,4 kW de potencia, por lo que, si se instala en el hogar el Wallbox de la marca, puede regargarse en hora y media por completo. Si empleas un enchufe convencional, el tiempo de recarga alcanza las cinco horas.

Las prestaciones empeoran ligeramente respecto a la berlina. Afecta a la aceleración (5,7 segundos para alcanzar los 100 km/h desde parado, frente a 5,6), pero no a la velocidad máxima, en ambos de 250 km/h. El consumo también es algo peor, de 1,7 l/100 con unas emisiones entre 41 y 39 g/km de CO2 (por 1,6 y 41-38 de la berlina. El consumo eléctrico es de 19,1 kWh/ 100 km (18,7 el sedán)

Mercedes asegura que los problemas de compatibilidad que existen entre los motores diésel y la tecnología híbrida en esta variante del Clase C Estate 2018 gracias a un filtro de partículas diésel específico. El filtro de partículas trabaja con una temperatura de gases de escape elevada, algo difícil de conseguir en un híbrido, (que justo busca tener el motor apagado el mayor tiempo posible). En Daimler han instalado un filtro que puede regenerarse de forma parcial, sin necesidad de que llegue a llenarse por completo. El motor eléctrico, además, puede aumentar la carga del motor de combustión para que los gases de escape alcancen la temperatura necesaria para regenerar el filtro.

 

No hay muchos cambios estéticos exteriores, salvo la denominación del modelo y la toma de electricidad, que se ha colocado en el lado derecho del paragolpes trasero. En el interior hay también algunos cambios en la instrumentación y la batería, como decíamos, resta espacio al maletero. Si en las versiones con motor convencional alcanza los 490 litros, aquí se queda en 315 litros. Una cifra algo escasa, pero mejor que los 300 del sedán, amén de más aprovechable.

El Mercedes C 300 de Estate tiene un sobrecoste de 2.655 euros respecto al sedán, por lo que se queda en 58.000 euros. Recuerda que peudes elegir a este familiar medio también híbrido enchufable de gasolina, con 230 CV de potencia y que sale más económico, 54.325 euros, pero tendrá un consumo mayor en viajes largos.

Fuente: Daimler
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